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Mundo de Sangre y Cenizas

Escribe aquí tu relato de zombies (SOLO CAMINANTES REGISTRADOS - Relatos originales de zombies que no tengan nada que ver con The Walking Dead)

Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Jue, 17 Abr 2014, 17:57

Capítulo 1

Claire Evans miraba atentamente el enorme reloj circular de la sala de descanso del St. Thomas Hospital en donde trabajaba de enfermera con sus ojos azules de gata. Las manillas marcaban las cuatro de la tarde. «Sólo una hora más», suspiró mientras se apartaba un largo mechón de cabello castaño oscuro del rostro y se recostó en la silla de madera.
—¿A qué hora tienes el vuelo? —le preguntó Tina, una de sus compañeras más cercanas, treintañera cómo ella y de rostro jovial.
—A las diez. En cuanto salga de aquí, tengo que ir volando a buscar a mi hermana.
Claire tenía la maleta hecha en su coche y en cuanto acabara su turno, se daría una ducha rápida en el hospital e iría a recoger a Sophia, su hermana menor para ir juntas a Bangor, Maine, a ver a su hermano mayor Ted.
—¿Y ya te va a dar tiempo? —añadió, dubitativa.
—Bueno, eso espero —Claire sonrió.
—Evans, Miller, necesitamos su ayuda en Urgencias —Gemma, la jefa de las enfermeras, una mujer de más de cincuenta, alta, delgada y que aún conservaba su belleza de juventud, entró provocando un gran estruendo con la puerta que hizo que se sobresaltaran.
—Se acabó el descanso —dijo Tina y siguieron a Gemma por los pasillos del hospital.
Claire y Tina iban tras Gemma para poder hablar.
—¿Hace cuánto que no ves a Ted?
—Hará unos dos años, desde que se marchó de Londres —contestó Claire.
Recordó el día en que su hermano mayor había decidido marcharse a Estados Unidos a vivir. La despedida fue dura, habían sido siempre una familia muy unida. Su madre había llorado en el aeropuerto, su padre le abrazó durante un largo rato, y tanto Sophia como ella intentaron contenerse para no montar una escena. Sabían que no era un adiós definitivo, pero la separación fue dura. Las cenas que su madre organizaba los sábados ya no eran lo mismo sin Ted y sus chistes.
En aquellos dos años de ausencia Sophia, su marido Owen y su pequeña Victoria, la hija de cuatro años de ambos, se había mudado a una gran casa en las afueras. A Claire la habían trasladado a Urgencias, donde los mejores enfermeros se enfrentaban día a día a los casos más difíciles. Ted había conseguido un trabajo en una importante empresa de informática, por lo que las cosas le iban viento en popa al otro lado del charco.
Había invitado a su familia a pasar el fin de semana, pero sus padres tuvieron que declinar la oferta ya que su madre no se encontraba demasiado bien de salud. Sophia había decido ir y dejar a Victoria con Owen.
Llegaron a la sala de urgencias. Había mucha gente en el lugar, pero nada anormal en un viernes por la tarde y en plena primavera. Era temporada de alergias
—Señoritas, hay varios pacientes que nos han traído con heridas de arma blanca, necesitan algunos puntos de sutura y antibióticos —Gemma cogió unos historiales y se los pasó a las dos enfermeras—. Después de eso, Evans puede marcharse —Se acercó a Claire—. Espero que tenga un buen viaje —le sonrió y se alejó de ellas para atender a algunos pacientes.
—Gracias —Claire le devolvió la sonrisa y la vio hablando con uno de los doctores más veteranos.
Gemma Beckett podía ser muy estricta, pero siempre había sido muy amable con todas las personas a su cargo.
Claire fue a atender al primero de sus dos pacientes. Era un niño de diez años con una dermatitis de contacto. La madre del pequeño estaba histérica, y Claire la tranquilizó diciéndole que eso se trataba con antihistamínicos y que le harían un test de alergia en una semana.
El siguiente paciente fue uno de los apuñalados, un chico joven con un navajazo en su antebrazo izquierdo vestido con una camiseta del Arsenal. Claire se acercó a él para ponerle anestesia local y así coserle la herida.
—No te va a doler —le dijo al chico mientras la aguja penetraba su piel. El joven frunció el ceño y no dijo nada—. Vuelvo en unos minutos para que te haga efecto.
Claire se alejó y miró su ficha. Había sido un altercado en la salida de un partido de fútbol. Cuando volvió, le cosió la herida y le dijo que esperara al doctor, el chico le dio las gracias tímidamente y Claire se marchó a ducharse y cambiarse.
Había llevado unos tejanos oscuros, una sudadera negra y sus viejas botas de cuero para el viaje; era la ropa más cómoda que tenía. Cogió la mochila roja que siempre llevaba al trabajo y se despidió hasta el lunes de todos los compañeros que se encontró hasta llegas a la salida. Había salido del edificio cuando alguien le habló a su espalda.
—Así que te vas a Estados Unidos, ¿eh? Procura estar de vuelta el lunes, recuerda que te toca el turno de noche —dijo una voz burlona. No había duda de que se trataba de Karen, una de sus compañeras.
Claire la miró y entornó los ojos con una sonrisa. Era una chica de estatura media y expresión risueña.
—¿Acaso crees que te voy dejar sola toda la noche? No vaya a ser que te pierdas por los pasillos del hospital —Claire le sacó la lengua y Karen rió.
—Nos vemos el lunes entonces. Que tengas un buen viaje —Metió las manos en los bolsillos del uniforme blanco reglamentario de los enfermeros y empezó a caminar hacia el hospital de espaldas.
—Gracias. Hasta el lunes, Karen —Claire se alejó de ella y empezó a rebuscar en la mochila las llaves del coche.
Su viejo Nissan de 1995 negro estaba en una de las plazas reservadas al personal del St. Thomas. Claire entró, puso el seguro del coche y llamó a Sophia.
—¿Si?
—Soph, estaré allí en veinte minutos. Espero que estés ya preparada en la puerta, que te conozco —Claire remarcó esas últimas palabras. Sophia siempre llegaba tarde a cualquier parte.
—Sí, sí, lo tengo todo preparado, no te preocupes Claire —contestó su hermana en tono alegre—. Nos vemos.
Le colgó. Claire negó con la cabeza, «Esa es la señal de que no ha preparado ni la mitad», suspiró, se puso el cinturón y emprendió el camino hacia la casa de Sophia.
No había mucho tráfico en ese momento por lo que Claire avanzó por todo Londres a buen ritmo. Tenía puesta una emisora de radio que emitía música de los ochenta sin parar.
Aparcó delante de la puerta, y vio a Victoria mirar por la ventana de su habitación. Claire le saludó y la pequeña le sonrió con alegría. Salió del coche y fue a llamar al timbre cuando la puerta se abrió de repente.
—Victoria es un timbre más eficiente que ese, parece mentira que aún no lo sepas, hermanita —Sophia llevaba una de sus maletas en la mano y la dejó a un lado—. Te dije que estaría lista —Sonrió.
Claire clavó sus ojos en los de su hermana y suspiró. Tenían el pelo del mismo color, pero en los ojos de Sophia había algo de verde en su interior y sus facciones eran más redondeadas. También era más baja que ella, y su cuerpo tenía más curvas, a diferencia de Claire que era alta y espigada.
—Ya lo veo, ya. Por eso parece que hayas corrido una maratón, porque lo tenías todo listo, ¿no? —dijo Claire con sarcasmo, cruzó sus brazos y le devolvió la sonrisa.
—Me has pillado —Sophia le guiño un ojo—. No puedo engañarte.
Owen salió de detrás de la puerta. Era un hombre alto, rubio y apuesto un par de años más mayor que Sophia pero sin llegar aún a la treintena.
—Hola, Claire.
—¿Todo bien, Owen? —Se dieron dos besos.
—Sí, aunque voy a echar de menos a mi mujercita —Besó a Sophia en la cabeza.
—Sólo será el fin de semana, cariño —Sophia le abrazó.
—¿Seguro que no os queréis venir? —preguntó Claire por enésima vez.
—Seguro —contestó Owen—. Yo me quedaré al mando de la casa, y Vicky se portará muy bien.
Detrás de ellos, justo al final de la escalera, había una pequeña niña rubia de ojos azules y pijama rosa sonriendo.
—¿Es que no vas a venir a saludar a tu tía? —le dijo Claire preparándose para recibir un gran abrazo.
Victoria bajó las escaleras corriendo y rodeó el cuello de Claire con fuerza. Ella la levantó del suelo y le dio un beso en la mejilla.
—Pero que grande y guapa que estás —La dejó en el suelo y Victoria rió.
—Ya tengo cuatro años, tía Claire —dijo con una vocecita aguda.
—¿Cuatro ya? Madre mía, como pasa el tiempo.
—Y éste verano, Vicky hará su primer viaje en avión, y nada más y nada menos que a Disneylandia —Al oír decir eso a su padre, Victoria vitoreó.
—Por eso se queda, queremos que ese sea su primer viaje —añadió Sophia.
—Lo se, lo se —Claire cogió la maleta de su hermana y la llevó al coche.
—Espera, que te ayudo —dijo Owen caballerosamente.
—Gracias, Owen —Entre los dos la cogieron y la pusieron en el maletero.
La segunda era más pequeña, por lo que Sophia la dejó en el asiento trasero. Claire esperó apoyada en su Nissan mientras Sophia se despedía de su familia con cariño. Victoria lloró un poco pero le aseguraron que estarían de vuelta en unos días, y que su madre le leería un cuento por teléfono todas las noches que iban a estar ausente. Claire les dijo adiós y se subió en el coche cuando vio que ya se daban los últimos abrazos y besos.
Se puso el cinturón y su hermana subió e hizo lo mismo.
—Bien, ya podemos irnos —dijo Sophia con tristeza en su voz.
—Tranquila, sólo va a ser un fin de semana —Claire puso su mano en el hombro de su hermana.
—Lo se —Sophia le apretó la mano y sonrió.
Claire arrancó el coche y emprendieron el viaje hacia el aeropuerto de Heathrow.
Por el camino, hablaron de Ted. Recordaron viejos tiempo, cómo cuando se escondía detrás de las cortinas para asustarlas, o les hacia cosquillas hasta acabar con los ojos llenos de lágrimas de tanto reír. Le extrañaban, y a pesar de que esos juegos infantiles habían acabado hacía ya años, era la persona más bromista y alegre que conocían.
En una hora llegaron al aeropuerto, aparcaron el coche y buscaron la Terminal de su vuelo. Facturaron sus maletas y esperaron con paciencia a que fuera la hora de embarcar. Eran ya las nueve de la noche y a Claire la tarde le había pasado volando entre el recorrido en carretera, las despedidas y el trabajo. Vio a Sophia con el teléfono móvil en la mano, seguro que se estaría enviando mensajes con Owen. La sala estaba casi vacía, sólo unas diez personas más esperaban ese vuelo. «Ha sido buena idea viajar de noche», pensó Claire. Mirando a su alrededor vio un diario gratuito en los bancos de madera donde esperaban y empezó a ojearlo.
Noticias de política, la crisis, deportes… pero hubo una que llamó su atención.

“Ola de violencia en China

Un centenar de personas ha muerto y hay más de veinte heridos en todo el país asiático. La violencia en las calles crece día a día y se desconoce las causas que han provocado que miles de personas se encierren en sus casas. El Gobierno ha decretado el toque de queda y dará un comunicado a toda la nación mañana…”

—¿Qué estás leyendo? —preguntó Sophia con curiosidad.
—Que se está liando bien en China —contestó Claire y la miró—. Ha muerto gente, no vi nada de eso ayer en las noticias.
—Nosotros lo vimos ésta mañana, ya hay un millar de muertos, y no se sabe bien qué lo ha provocado. Unos dicen que es un ataque terrorista de Corea, otros manifestantes en contra del gobierno.
—Aquí pone que ha fallecido un centenar, supongo que era la cifra que tenían cuando cerraron la redacción —Claire hizo una pausa y Sophia asintió—. A ver si mañana nos enteramos bien del asunto —Claire dejó el periódico a un lado.
—Pasajeros del vuelto uno cinco siete con destino a Bangor, Maine, ya pueden embarcar —dijo una voz femenina por los altavoces.
Las pocas personas que estaban esperando se levantaron e hicieron una pequeña fila para poder subir al avión. Claire y Sophia eran las últimas.
—Bien, pronto veremos a Ted —dijo Sophia con entusiasmo.
—Sí, sólo tenemos unas cuantas horas de vuelo por delante —añadió Claire con tono irónico dándole los billetes a la azafata.
Pero realmente eso no le importaba, mañana a esas horas se reencontrarían con su hermano mayor. Sería un gran fin de semana.
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Rain Cross
 
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Sab, 19 Abr 2014, 11:29

Capítulo 2

El vuelo fue tranquilo. Claire se había llevado el último libro de King para hacer el trayecto más entretenido mientras Sophia ojeaba una revista de cine.
Al bajar del avión se encontraron a Ted esperándolas. Su hermano mayor no había cambiado mucho; seguía llevando el pelo castaño claro algo lago y la misma ropa informal. Debajo de sus ojos azules tenía algunas ojeras, pero eso no le restaba atractivo a su rostro. Sus labios dibujaron una amplia sonrisa nada más verlas.
—Al fin habéis llegado, tardonas —Fue hacia ellas y los tres se dieron un gran abrazo—. Ya os echaba de menos.
—Y nosotras a ti —dijo Sophia intentando no llorar.
—Bueno, un poco sólo —añadió Claire riendo.
—Un poco dice —Ted le dio un leve empujón en el hombro a Claire—, aunque pensándolo bien, hablamos casi cada día por Internet.
—Por eso —Claire le guiñó el ojo y los tres rieron.
—Bueno, mejor que vayamos ya a recoger el equipaje, que estaréis cansadas y querréis dormir.
Claire, Sophia y Ted fueron a buscar la única maleta que no les dejaron subir al avión, la grande de Sophia, mientras Claire y Ted se burlaban de ella por llevar siempre demasiadas cosas.
—Parecéis dos niños pequeños —gruñó Sophia cruzando los brazos.
Cargaron el coche de Ted, un Chevrolet azul de segunda manos, se subieron en el auto y se dirigieron hacia la casa de su hermano en las afueras.
—Pensé que tendrías un coche mejor, al ser informático y eso —dijo con ironía Claire.
—Puede que no quisiera un coche mejor, me encanta éste, y prefiero gastarme el dinero en cosas mejores —contestó Ted con una sonrisa.
—Sí, mejores. En la última consola sacada al mercado y en mil videojuegos —dijo Sophia, que iba en el asiento trasero, y empezó a reír.
—¡Oye! ¡Que no sólo me lo gasto en eso!
—¡Has dicho sólo! Por lo tanto, Soph tiene razón —Claire hizo una carcajada.
Los tres no dejaron de hablar y reír durante todo el camino. «Cómo echaba esto de menos», pensó Claire con una sonrisa en sus labios.
El tráfico del aeropuerto a Bangor fue escaso, sólo se encontraron con un par de coches por las carreteras bordeadas de espeso bosque. Al llegar a la ciudad, las luces de las farolas y semáforos adornaban la noche. Ya era de madrugada, y había poca gente por las calles para ser un viernes. Atravesaron la urbe en poco tiempo, y volvieron a las carreteras rodeadas de verde. Los faros iluminaban el camino hacia una zona no muy alejada de Bangor.
—Ya falta poco —dijo Ted en voz baja señalando lo asientos traseros. Claire miró y vio a Sophia medio dormida.
La casa de Ted era grande, de dos plantas con tejado gris oscuro y un gran jardín. De madera blanca, tenía parking y estaba rodeado de una verja de metal.
—Si que eres desconfiado, ¿no? —comentó Claire nada más verla.
—Es mejor prevenir que curar —contestó Ted quitándose el cinturón y bajando para abrirla—. Lo malo es que no es automática.
—Vaya informático que estás hecho.
—Sí, ya, es culpa mía ¿no? —Ted subió en el coche y entraron en su propiedad.
—En parte, sí —Claire le miró y sonrió.
—Es una casa antigua y algo apartada, es normal que no esté tan modernizada.
—Excusa y lo sabes —sentenció Claire.
Ted suspiró y le revolvió el pelo como hacía cuando eran niños. Bajó de nuevo del coche y cerró la verja tras ellos.
Aparcaron el coche y sacaron las maletas. Sophia se despertó en medio de un ronquido por el ruido de la puerta del garaje y Claire y Ted no pudieron evitar reír de nuevo.
—¿Qué pasa? —preguntó Sophia algo aturdida.
—Digamos que te has despertado entre ronquidos —contestó Ted y Sophia se sonrojó.
—No te preocupes, Soph, yo también estoy cansada —añadió Claire entre bostezos.
Sophia sonrió y ayudó a sus dos hermanos con las maletas.
Por dentro, la casa de Ted era impresionante. Tenía un salón amplio, todo de madera, con una gran televisión de plasma y un buen sistema de sonido. Las acompañó a las escaleras y subieron al piso de arriba.
—Aquí están vuestras habitaciones, espero que estéis cómodas —dijo Ted deteniéndose delante de dos puertas de caoba—. Es mejor que ahora descanséis y ya mañana os hago un pequeño tour por la casa.
Al abrirla, Claire vio a su izquierda una gran cama con almohadones en el centro y una mesilla de noche a casa lado. Había un estrecho armario al lado contrario de la cama y un pequeño escritorio en frente de la puerta.
—El baño está al fondo, la primera puerta a la derecha.
—Genial, gracias, Ted —dijo Claire dejando su maleta encima de la cama.
—Bueno, mejor me voy. Que descanséis.
—Buenas noches —se despidió Sophia y entró en su habitación.
—Dulce sueños —dijo Claire viendo cómo su hermano abría una puerta que estaba algo más al fondo del pasillo.
Claire se cambió de ropa, se puso un cómodo pijama de dos piezas en tonos verdes y se estiró en la cama. Se quedó dormida en cuestión de minutos.

El aroma del café recién hecho la despertó a la mañana siguiente. Claire se levantó de la cama, rebuscó en su maleta una toalla y la ropa que se iba a poner ese día, una blusa y una falda, ambas negras, y unos leotardos azul oscuro, y fue a darse un baño.
Cuando acabó bajó a la cocina y allí estaban Ted y Sophia mirando la televisión. Un arco de pequeños ladrillos separaba el salón de la cocina y desde allí se podía ver el gran plasma.
—Buenos días, chicos —saludó Claire y cogió una taza de café que le habían preparado—. Gracias por…
—Shhhh —le cortó Sophia. Tanto ella cómo su hermano no apartaban sus ojos del televisor.
—¿Qué? —Claire se acercó a ellos y Ted subió el volumen.
—… Nos han llegado informes de que la ola de violencia que ha sacudido China los últimos días se ha trasladado también a Europa y América. Japón ha decretado el estado de emergencia y Corea del Norte ha blindado sus fronteras. El Presidente hablará ésta mañana para dar indicaciones a la ciudadanía. La última hora que tenemos desde China es que lo que había empezado como disturbios callejeros se ha convertido en un problema mundial. El ejército chino ya ha tomado las calles y se habla de millones de muertos y desaparecidos. Los hospitales están colapsados y los aeropuertos han sido bloqueados debido a altercados de violencia cometidos en sus instalaciones. Aun no se sabe la razón ni el origen de todo… —Ted bajó el volumen.
—¿Pero que cojones está ocurriendo? ¿El mundo se ha vuelto loco mientras dormíamos? —dijo con incredulidad.
—¿No habías escuchado lo de China antes? —preguntó Sophia extrañada.
—Que va, estos días he estado trabajando a todas horas y no he puesto las noticias.
—Yo lo vi ayer, en el periódico del aeropuerto —añadió Claire perpleja.
—Es cierto, me lo dijiste —dijo Sophia—. Parece que se les está yendo de las manos, ha llegado a Europa y América. Debo llamar a Owen —Se alejó de ellos y subió la escalera a toda prisa.
—¿Crees que corremos peligro? —Claire fue hacia el sofá y se sentó. Ted se puso a su lado.
—No lo se, pero lo que está pasando no es nada bueno, y a nivel global —Ted dio un sorbo a su café.
Escucharon a Sophia bajar las escaleras y se reunió con ellos.
—Owen dice que están bien, ¿qué demonios estará pasando?
—Shhh —Ted subió el volumen de nuevo, había un corresponsal con un casco militar hablando en directo desde Pequín. Llevaba una camisa blanca manchada y unos pantalones oscuros. Iba desaliñado y parecía nervioso. El escenario era una calle digna de una película de guerra y se escuchaban disparos sin cesar.
—…los disturbios están por todo el país. El gobierno ha recomendado a los ciudadanos que se queden en sus casas y no intenten salir a las calles. Cómo podrán ver, el ejército intenta controlar la grave situación que se vive en estos días pero… ¡Mike! ¡Cuidado, Mike! —la cámara cayó al suelo entre gritos y extraños gruñidos.
—¡¿Pero que coño pasa?! —dijo Ted alzando la voz y levantándose del sofá.
Sophia se llevó una mano a la boca. Claire no apartaba sus ojos de la pantalla. Se vieron los pies del reportero y parte de su pantalón, y de pronto, cayó al suelo envuelto en un grupo de personas que le atacaban. La señal se cortó justo cuando se podía ver cómo alguien le arrancaba lo que parecían los intestinos al periodista. A Claire esa imagen se le grabó a fuego en la cabeza. Los presentadores del noticiario aparecieron en pantalla con rostro sombrío.
—Hemos perdido la señal con nuestro compañero en Pekín.
—¿Pero que ocurre? ¿Qué demonios está ocurriendo? —dijo Sophia aún con la mano sobre sus labios.
—¿Habéis visto lo que le estaban haciendo al periodista? Sus tripas… Joder —Claire estaba atónita—. Sea lo que sea lo que está pasando, la cosa se está poniendo realmente fea.
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Rain Cross
 
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Mar, 22 Abr 2014, 15:01

Capítulo 3

Claire se quedó en silencio durante unos minutos. Intentaba asimilar lo que acababa de ver. «A ese periodista le estaban arrancando el estómago en directo, ¿qué demonios está pasando?», se hacía esa pregunta una y otra vez en su cabeza, y por muchas vueltas que le daba, no lograba encontrar la respuesta.
Los informativos habían dejado paso a la publicidad, y sus hermanos observaban la televisión ansiosos por ver las últimas noticias. Ted daba sorbos a su taza de café mecánicamente aunque hacía ya rato que lo había terminado, y Sophia tenía el teléfono móvil en las manos.
—Sólo falta un par de horas para que el presidente hable. Joder, podrían adelantarlo y no tenernos a todos así —dijo Sophia casi en un susurro.
—Ya, pero supongo que estarán agrupando toda la información que tienen, o mejor dicho, viendo qué deben decirnos y qué nos van a ocultar —añadió Ted dejando la taza sobre la mesa.
—Yo lo que quiero saber es qué coño está ocurriendo y si debemos prepararnos para algo. Al reportero le han abierto en canal y dicen que también está pasando en Europa y América, pero ¿dónde exactamente? ¿Estamos a salvo aquí? —Claire habló con tono nervioso.
—Tranquila, Claire, piensa que vivimos en las afueras, y hay una valla que nos puede proteger —Ted puso la mano en su hombro—. Esperemos a ver qué nos dicen antes de hacer conjeturas y ponernos catastróficos.
—Tienes razón —dijo Claire y se levantó del sofá—. Voy a hacer otro café, ¿queréis uno? —Ted asintió y Sophia no contestó—. Soph, ¿quieres otro café? —Claire se acercó a ella.
—Ah, sí, sí. Perdona, Claire, estaba pensando en Owen y Victoria —Sus ojos estaban algo vidriosos.
—Tranquila, Soph, ya verás como están bien —Claire dibujó una sonrisa en su rostro y fue a la cocina.
Calentó un poco de leche para el suyo mientras servía el café en tres tazas. De fondo, se podía escuchar un tonto anuncio de un todoterreno que lo puede con todo, «Que bien nos vendría tener uno ahora, por si las moscas», pensó poniendo dos cucharadas de azúcar en todas las tazas. Llevó las tazas de sus hermanos y le dieron las gracias, fue a buscar la suya de vuelta a la cocina y se sentó en el cómodo sofá azul marino de Ted. Ya habían acabado los anuncios y los presentadores del noticiario seguían hablando de lo que estaba ocurriendo en todo el mundo.
—Desde Francia nos llegan noticias de altercados y disturbios en las calles. El presidente francés ha hablado y ha decretado el estado de excepción en todo el país. El primer ministro británico también ha advertido a sus ciudadanos que deben eviten salir de sus casas hasta que la situación esté totalmente controlada. Nos han llegado informes de que los ataques han llegado también al continente africano —El periodista, un hombre de unos cuarenta años de aspecto pulcro removió los papeles y prosiguió—. A lo largo de todo el mundo hay estallidos de violencia… —se detuvo en seco al ver cómo un chico joven le pasaba una hoja de papel a su co-presentadora.
—Noticia de última hora, el presidente hará un comunicado a toda la nación en media hora. Repito, el presidente de los Estados Unidos hablará para la nación a las diez y treinta minutos —Una mujer atractiva de cabello rubio dijo esto con rostro sombrío.
—Si han adelantado la hora de su discurso, es que algo muy malo está pasando —Ted las miró—, y está pasando aquí también.
—Lo he supuesto, para que salga con tanta rapidez es que esa ola de violencia ha llegado ya Estados Unidos. Lo que espero es que digan cuales son las zonas afectadas —añadió Claire.
—El primer ministro ya ha hablado, ¿por qué tarda tanto el presidente norteamericano? —preguntó Sophia.
—Supongo que deben medir bien sus palabras —contestó Ted dando un largo sorbo a su café.
—Todos deben hacer eso —añadió Claire—, puede que no se hayan preparado bien para lo que está ocurriendo, y ahora sufriremos las consecuencias.
—Esperemos que no, a ver que nos dicen. Dios, ¿qué coño estará pasando? —dijo Ted.
—Millones de muertos, heridos, y ese grupo descuartizando al reportero, ¿ataque químico, tal vez? Es demasiado para ser sólo un grupo de violentos—añadió Claire extrañada.
—Joder, menos mal que aquí hay un gran ejército, y que cada ciudadano tiene derecho a tener un arma —dijo Ted e hizo una pequeña pausa—. Podemos defendernos —añadió con convicción.
—¿Quieres decir lo qué creo que insinúas? ¿Tienes un arma? —Sophia dejó su taza en la mesa. Su café estaba intacto.
—Sí, es exactamente lo que quiero decir. Si alguien viene y nos ataca, le pegaré un tiro. No nos pasará nada, y seguro que en unas horas, días cómo mucho, la cosa estará controlada.
—Creo que confías demasiado en eso. ¿Es qué no has visto China? ¡Allí está todo descontrolado!
—¿Te piensas que no lo se, Claire? No soy idiota, joder, pero es mejor no ponernos nerviosos y esperar a ver qué tienen que decirnos.
—Shhh —Sophia les cortó a los dos y todos miraron la pantalla.
Habían conectado en directo con la Casa Blanca. Aún no había salido el presidente, pero la sala estaba llena de periodistas y los flashes de la cámara inundaban el lugar.
Claire fue a beber el café que se había preparado, estaba ya frío pero no le importó.
El presiente hizo acto de presencia a los cinco minutos de la conexión.
—Buenos días. Estados Unidos, y el mundo entero, están siendo sacudidos por una violencia nunca vista con anterioridad. Hemos decidido decretar el toque de queda a partir de las veinte horas de hoy, y el ejército hará patrullas por todo el país para garantizar la seguridad de los ciudadanos. La medida es sólo cautelar, y no debe alarmar a la nación. Estamos trabajando para que todo vuelva a la normalidad lo antes posibles. Recomendamos que permanezcan en sus casas por su seguridad y salgan a la calle lo menos posible. En una horas, el vicepresidente McCarthur hará un nuevo comunicado con las últimas novedades del asunto. Ruego a todos los norteamericanos que sigan éstas pautas para así conseguir que Estados Unidos consiga resolver esta crisis mundial. Que Dios bendiga América.
Se marchó dejando con la palabra en la boca a todos los periodistas. Uno de sus asesores de prensa, un hombre de unos cincuenta años con traje y con el rostro redondo sudoroso se acercó a los micrófonos y empezó a hablar.
—Señores, sobre las cuatro de la tarde el vicepresidente McCarthur saldrá a hablar de nuevo a la nación.
Los periodistas empezaron a hacer preguntas, y el asesor de prensa de la Casa Blanca señaló a uno de ellos.
—Señor Whitman, ¿qué es lo que está ocurriendo exactamente? —dijo una voz femenina.
—Aún no podemos contestar a eso —Whitman señaló a otra persona.
—Disculpe, pero ¿puede decirnos cual es la gravedad de la situación? —preguntó una voz grave.
—Cómo bien ha dicho el presidente, las medidas son sólo cautelares. Aún no sabemos exactamente el alcance real de la situación.
—Señor Whitman, pero si han decretado el toque de queda, es que el peligro está dentro del país. ¿En qué lugares concretamente? ¿Quiénes son los responsables?
Whitman hizo una pequeña pausa y suspiró.
—Señores, no tenemos más información de la que hemos dado ya —Removió sus papeles—. Esperamos ofrecer más detalles cuando el vicepresidente hable para la nación. No sabemos con exactitud todos los lugares donde hay altercados, ni tampoco quién o qué lo ha provocado, pero esperamos poder informarles mejor más tarde. Muchas gracias.
El asesor Whitman se marchó a toda prisa entre los gritos de protesta de los periodistas.
—Cuanta información nos han dado, si señor —dijo Claire asqueada.
—Joder, eso de que no sepan nada, no me gusta —Ted se levantó y fue a la cocina. Volvió en unos segundos con una cerveza—. No tienen ni puta idea de lo que pasa.
—No, y eso me preocupa —Claire cruzó los brazos sobre su pecho.
—Habrá que esperar a ver que nos dicen más tarde. Voy a llamar a mamá y papá, para ver si están bien —Sophia buscó el numero de sus padres y les llamó—. No contestan.
—Estarán bien, ya verás —dijo Claire—. Deberíamos mirar por Internet —Miró a sus hermanos—, seguro que allí nos enteramos mejor de todo y podemos ver qué nos ocultan.
Ted y Sophia asintieron. Su hermano se levantó y fue al piso de arriba, en unos minutos volvió con su portátil. «Bien, ahora veremos qué nos escondéis», pensó Claire mientras Ted encendía el ordenador y escribía tres simples palabras en el buscador: Ola de violencia.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Vie, 09 May 2014, 10:54

Capítulo 4

Los tres se sentaron en el enorme sofá frente el portátil de Ted. Ola de violencia tenía millones de resultados, cada uno más perturbador que el anterior. Claire no podía creer las cosas que estaban leyendo en Internet, «¿Muertos que caminan? ¿Guerra química? ¿Zombis? Es una locura». En varios blog encontraron fotos de personas siendo devoradas vivas; en otros, de gente con mordeduras en todo el cuerpo. «El mundo se está volviendo loco» pensó alterada. Por todo el habían noticias de ataques, de gente herida y mutilada que atacaba a todos los que se les acercaban. Las fotos reales se mezclan con fotogramas de películas de terror. Ya no se podía saber qué era real y qué ficción.
—No puede ser verdad todo esto, debe ser una jodida broma —dijo Ted al ver por cuarta vez la palabra zombi—. No puedo creerlo, ¿gente muerta que camina? Es como si estuviéramos dentro de una mala película de terror —añadió.
—Dale a ese enlace —Sophia señaló en una imagen que ponía Devorado vivo.
—¿Seguro que quieres ver eso? —preguntó Claire, sabía que su hermana era muy sensible.
—No, pero debemos verlo —contestó y suspiró.
—Está bien —dijo Ted y le dio al enlace.
El video era lo que prometía. Un grupo de tres personas se abalanzaban sobre un transeúnte y empezaban a arrancarle trozos de carne entre gritos de dolor. Claire y Ted no apartaron la vista de la pantalla, pero Sophia tuvo que ir corriendo al baño de arriba a vomitar.
—Puede que sea un fragmento de una película —dijo Claire incrédula, «Tiene que ser falso, seguro» pensó y se apoyó en el respaldo del sofá.
Claire escuchó el sonido de pasos y vio aparecer a Sophia muy pálida.
—¿Estás bien? —preguntó preocupada.
—Sí, sí, es por ese maldito video —contestó y se sentó a su lado.
—Pues hay más —dijo Ted y las miró—. No apto para estómagos sensibles, mejor que no mires Soph.
Sophia se levantó y fue a la cocina. Claire pensó en hacer lo mismo, «No, debo verlo, tengo que saber que coño está pasando», miró a su hermano y asintió.
Le dio al play y pudieron ver las imágenes unas tres personas con grandes machetes asestándole golpes sin parar a alguien que parecía gravemente herido.
—Joder —dijo Claire y se llevó una mano en la boca.
Ted lo detuvo justo cuando el cámara se acercaba más a la dantesca escena.
—Esto es muy serio —Ted se levantó y empezó a dar vueltas por el salón—. Muy, muy serio. Parece que la gente se está perturbando, ¿qué demonios hacían esas personas? ¡Estaban matando a otra! —Todos se quedaron en silencio.
La televisión estaba de fondo y hacía ya unos minutos que no le prestaban atención, pero en esa pausa pudieron escuchar lo que los presentadores decían.
—Los ataques violentos son ya un problema en todo el mundo. Los servicios de emergencia han sido activados en todo el país y se recomienda que se queden en sus casas hasta que el vicepresidente McCarthur hable a la nación—repetía una y otra vez uno de los presentados añadiendo breves noticias sobre masacres en diferentes lugares del mundo.
—Que esperemos, es lo único que dicen —dijo Claire asqueada—. Llevan diciendo eso todo el rato, que útil.
—En Internet, la gente tiene mucho miedo. Se están atrincherando en sus casas con provisiones por si acaso. Dicen que hay caos y brutalidad en todos lados, y que la gente está perdiendo la razón —comentó Ted sin dejar de mirar la pantalla de su portátil.
Sophia volvió de la cocina.
—He llamado de nuevo a Owen para saber cómo estaban, pero parece que no sabía ni la mitad, ¿cómo puede ser si el Primer Ministro compareció antes que el Presidente?
Claire y Ted se miraron. «Esto se pone cada vez mejor», pensó Claire incómoda. Miró a Ted, que negaba con la cabeza, «Tiene razón, es mejor no decirle nada, sólo empeoraría las cosas».
—Puede que en Londres sea más leve, o que los medios de comunicación no expliquen lo mismo que aquí, no se —dijo Claire sin mirarla.
—¡Joder, mirad esto! —gritó de repente Ted.
—¿Qué ocurre? —preguntó Claire
—Es un videoblog de una chica. Los comentarios son brutales, tenemos que verlo —Ted entró en su página.
Decorada en colores grises y negros, llevaba por título Pretty in Black y mezclaba vídeos creados por ella y reportajes de moda oscura. Ted puso el último video que había subido su creadora, y aunque sólo duraba poco más de cinco minutos, tenía ya millones de visitas.
—Ho-hola a todos, puede que este sea mi última entrada —Era una chica adolescente, de no más de quince años, rubia y de ojos azules, que a pesar de hablar inglés tenía acento francés. Se encontraba sentada delante de la webcam en una habitación en tonos rojos y pósters de grupos de rock. Estaba muy alterada—. La televisión dice que nos quedemos en casa, que es sólo una medida cautela, ¡y una mierda! No salgáis por nada del mundo. Yo voy a pagar las consecuencias. La información que nos están diciendo es muy escasa y no sirve de nada. Hay que armarse, con uñas y dientes, y tener mucho cuidado —Se escucharon unos golpes a su espalda y ella miró hacia la puerta de su habitación—. Se que estoy condenada. Estoy atrapada aquí, y no tengo escapatoria —Empezó a llorar y los golpes se iban incrementando—. Sólo quería decir, mamá, te quiero mucho, siento lo que le ha pasado a Pierre, yo… no debimos ir al parque, pero tenía tantas ganas, y ya sabes cómo se pone, con esos ojos verdes de gatito lastimero, no pensábamos que esto iba a ocurrir. Lo siento tanto, mamá, perdóname —La puerta se abrió de repente y unas cinco personas se lanzaron sobre ella. La chica empezó a gritar con desesperación. Un niño pequeño de ojos verdes se acercó a la cámara. Tenía una grave herida en su pálido rostro. Su mirada estaba vacía, muerta. Emitió un extraño gruñido y se unió al grupo de devoradores de carne humana. La imagen se cortó. Todo se volvió negro.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Vie, 25 Jul 2014, 18:36

Capítulo 5

—¿Pero qué coño? —dijo Ted mirando la pantalla del ordenador.
Claire se quedó callada un buen rato «Esa chica está muerta. Le ha pasado lo mismo que al reportero, no puede ser real.» Miró a su hermana. Tenía las manos sobre su boca y se le había caído el teléfono móvil al suelo. Los tres estaban en silencio, sólo roto por las voces de fondo de los presentadores del noticiario. Hacía ya rato que no prestaban atención a las noticias, ya que habían decidido indagar un poco a ver qué se decía de todo lo que estaba ocurriendo en Internet.
—A parte del arma, ¿tienes balas suficientes? ¿Y comida? —preguntó Claire.
Sophia dejó escapar un ruido de sorpresa y Ted la miró atónito.
—¿Qué quieres decir? —Su hermano meditó unos segundos—. Sí, sí surgen problemas tenemos balas suficientes. Y tengo comida en lata y botellas de agua en el sótano. Vivo en las afueras, y con el trabajo no tengo demasiado tiempo de ir a la tienda, así que suelo almacenar bastantes cosas.
Claire le miró y esbozó una sonrisa. Se alegraba de que su hermano la hubiera entendido en seguida. Pero Sophia parecía consternada.
—¿Y qué queréis hacer con eso? ¿Estáis insinuando qué…? No puede ser —dijo Sophia apartando lentamente las manos de su rostro.
—Soph, tenemos que prevenir. Ya has visto el video de la chica, y las noticias. Es sólo por si acaso —contestó con voz suave Claire.
«Mi dulce e ingenia hermanita. Ésta vez no podré protegerte», pensó Claire y recordó como cuando eran pequeñas siempre le decía que el hombre del saco no existía, de que los monstruos son sólo imaginarios, y de que siempre cuidaría de ella. Y así había intentado hacer a lo largo de los años, hasta que Sophia se casó con Owen y tuvieron a la pequeña Victoria. Claire pensó que al hacerse mayor se haría más fuerte, pero se equivocaba. Y no podía esconderle lo que estaba ocurriendo, ya no. No podía protegerla de los muertos.
—No puede ser, a lo mejor es una broma. O ese video era sólo marketing de alguna estúpida película de terror —dijo Sophia con voz queda.
«Debes ser fuerte, mi pequeña hermana.»
—Hay que ser realistas, Soph, ya los has visto tú misma. El mundo se está yendo a la mierda, y tenemos que estar preparados. Al menos por si acaso —dijo Ted intentando parecer tranquilo. Claire podía ver el miedo en sus ojos.
—Pero…
—¡Última hora! —Sophia se detuvo en seco ante esas dos palabras que les sobresaltaron—. Desde la Casa Blanca nos informan que el vicepresidente McCarthur no hablará ante la prensa. En su lugar, nos han enviado a todos los medios de comunicación un comunicado con recomendaciones de seguridad.
—¿Pero qué demonios significa eso? ¿Cómo que no va a hablar? —Ted apartó el portátil y miró a la televisión.
Claire no podía creer lo que acababa de escuchar, «¿Cómo es que no va a dar la cara?»
—El gobierno ratifica las palabras antes dichas por el presidente Wilson. El toque de queda se adelanta a las seis de la tarde. El ejército patrullará por todas las ciudades y mediará en los conflictos. Se recomienda a los ciudadanos que permanezcan en sus casas y que almacenen suministros. También se recomienda alejarse de personas que tengan un comportamiento extraño y/o errático. No se acerquen a ellos —El periodista removió los papeles y miró de nuevo a cámara—. De todo el mundo nos llegan noticias de que la ola de violencia se ha desbordado. Hay ataques masivos en todas las ciudades y cada vez son más los muertos y heridos —Se quedó en silencio unos segundos, cómo si estuviera meditando si debía continuar—. En varios lugares se hablan de muertos que caminan.
Claire miraba la pantalla cómo si estuvieran hablando de otro mundo. «Ya no es sólo en Internet, ya hasta la televisión lo dice. Esto va en serio»
—Joder, joder, joder —dijo Ted echándose el pelo hacia atrás—. Internet tenía razón. Zombis.
—Pero los zombis no existen, ¿cómo pueden decir eso? ¡Esto no es una película! —Sophia cogió el teléfono del suelo y se marchó a la cocina.
Claire la miró teclear. Estaría llamando a Owen seguro.
—Tenemos que decírselo —Claire miró a su hermano—. Y rápido.
—Lo se —dijo Ted mordiéndose las uñas. Hacia ya años que Claire no veía hacer eso a su hermano. Desde que tenía catorce años.
Se escuchó un estruendo en el exterior y Claire y Ted fueron corriendo a las ventanas. Varios camiones del ejército norteamericano pasaban a toda velocidad hacia Bangor. Claire se alegró de que su hermano se hubiera comprado una casa en las afueras y no en el centro de la ciudad, no quería pensar en cómo estarían las grandes urbes en aquellos instantes.
—Zombis. Y los tenemos cerca —dijo Claire apartando un poco la cortina para ver mejor. Miró a su hermano— La valla es alta, les costará llegar hasta la casa. Si dices que tenemos comida y agua para un tiempo, podrimos quedarnos aquí hasta que las cosas mejoren.
—¿Y si no mejora? —preguntó Ted.
—Tendremos que preparar un plan B —contestó Claire—. Aunque aún no sepamos bien lo que es eso —Miró de nuevo por la ventana.
Pasaron unos diez camiones repletos de soldados armados. Desde donde se encontraba, Claire no podía distinguir las caras.
Sophia se acercó a ellos con los ojos llenos de lágrimas.
—No-no contestan —dijo enseñándoles el teléfono—. Owen no coge el teléfono, ¡¿y si les ha pasado algo?! ¡¿Y si...?! ¡Oh, dios mío! —Se llevó de nuevo las manos a la boca y dejó caer el teléfono móvil de las manos.
Claire la cogió antes de que cayera y la abrazó.
—Ayúdame, Ted.
Entre los dos la acercaron al sofá. Sophia no dejaba de sollozar y murmurar. La sentaron y Claire miró a Ted, éste asintió.
—Soph, tenemos que decirte algo —Sophia miró a sus dos hermanos. Claire suspiró y prosiguió—. Era una sorpresa. Owen y Victoria no están en Londres.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Sophia confusa. Miraba a sus dos hermanos de manera compulsiva.
—Owen y Victoria iban a venir mañana a comer. A las dos cogían su vuelo a Bangor y se iban a hospedar en un hotel. Querían darte una sorpresa —continuó Ted.
—¿Pe-pero? —Sophia no sabía que más decir.
—Ahora estarán en pleno vuelo, puede que por eso no cojan el teléfono. Hasta las ocho no llegarán, aún faltan dos horas —Claire se agachó y miró a su hermana—. Estaban en el aire cuando empezó todo esto, seguro que están bien —Claire intentó sonreír. «Espero que estén bien, por favor, que estén bien»
—Pero… menudo momento han elegido para hacerme una sorpresa —dijo Sophia y puso los brazos sobre su pecho—. Sólo puedo esperar, nada más. Dios, tienen que estar bien. Estarán bien, ¿verdad, Claire? —dijo suplicante.
—Claro, cielo —Claire le acarició un mechón de cabello castaño—. ¿Por qué no te acuestas un rato? En cuanto sean las seis, te despertamos.
—Sí, Soph, descansa, te vendrá bien —añadió Ted y le tendió la mano para ayudarla a levantar.
—Sí, creo que será lo mejor —dijo Sophia y cogió la mano de su hermano—. No hace falta que me acompañéis —Se marchó lentamente.
Los dos la vieron subir las escaleras. Claire vio el teléfono de su hermana tirado en el suelo, lo cogió y lo dejó sobre la mesa. Suspiró y miró a Ted.
—¿De verdad crees que estarán bien? —dijo su hermano con el rostro serio.
—No lo se, Ted. Pero no podía decirle eso a Sophia, simplemente no podía —Se sentó en el sofá y miró la pantalla de la televisión de su hermano.
Ted se sentó a su lado e hizo lo mismo. Se quedaron en silencio mientras en las noticias repetían una y otra vez el mismo mensaje.
El mensaje que confirmaba que el mundo se estaba desmoronando a su alrededor.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Mar, 23 Sep 2014, 19:01

Capítulo 6

El resto del día lo pasaron en silencio. Sophia no volvió a bajar de su habitación, Claire y Ted no se movieron del salón. La televisión no dejaba de emitir los mismos mensajes sobre precauciones y alertaba a los ciudadanos a que no salieran de sus casas.
—¿Quieres cenar algo? —preguntó Ted rompiendo de pronto el silencio—. No hemos comido nada desde el café del desayuno, y ya son las siete de la tarde.
Claire consultó su reloj. Ted tenía razón. Con todo lo que habían visto en Internet y lo que hacia ya unas horas habían empezado a comentar en televisión, perdieron el apetito, pero debían comer y así coger fuerzas.
—Sí, gracias —Le miró y sonrió—, nos vendrá bien comer algo.
Claire siguió a Ted a la cocina. Entre los dos prepararon una ensalada y unos filetes. «Mejor empezar a comer lo fresco, que se estropeará primero, y así guardamos las latas», pensó Claire.
—¿Le preparamos algo a Soph? —dijo Ted con un tercer filete en su mano.
—Es mejor que la dejemos descansa —contestó Claire llevando los cubiertos a la mesa de la cocina—. Si quiere comer algo, ya bajará.
—Es verdad —Ted llevó los platos y se sentó.
Cenaron en silencio, con la voz de los presentadores del noticiario de fondo.
—¿Crees que estaremos seguros aquí, Ted? Quiero decir, la valla es resistente, ¿no?
—Sí, lo es. Además estamos a kilómetros de la ciudad, y no hay vecinos cerca. Estaremos bien, Claire —dijo dándole un mordisco a un pedazo de carne.
Claire asintió, «Tiene razón. Hay valla, tenemos provisiones, y un arma por si la cosa se complica. Podremos resistir un tiempo». Siguieron comiendo en silencio.
Cuando terminaron, recogieron y fueron de nuevo al salón. Se sentaron en el sofá frente el televisor, y Ted encendió de nuevo el portátil.
Las noticias eran las mismas y la palabra zombi cobraba más fuerza. En varios blogs se recomendaba atrincherarse en casa y no salir por nada del mundo. Otros, que la gente debía agruparse en zonas seguras. Habían fotografías y videos de ataques, de gente muerta alzándose del suelo. En la noticias difundía algunas de ellas; empezaron con las que captaban sus corresponsales, pero poco a poco añadieron las que se podían encontrar por Internet.
Estuvieron mirando imágenes de muerte hasta que se hizo de noche.
—Es mejor que intentemos dormir un poco —dijo Claire mirando a Ted.
—Buena idea —Ted se levantó del sofá.
Claire hizo lo mismo y apagaron el televisor y el ordenador. Subieron las escaleras a sus habitaciones, al pasar por delante de la de Sophia, escucharon unos sollozos. Claire acarició la puerta de madera y suspiró. «Tendría que entrar y consolarla.» Puso la mano sobre el pomo y Ted la detuvo. Claire le miró y él negó con la cabeza. «Tiene razón, es mejor dejar que descanse y se desahogue.» Apartó la mano y fue a su habitación. Los dos hermanos se despidieron con la cabeza. Claire dibujó una triste sonrisa y entro en su cuarto.
Se puso el pijama y se tendió en la cama. «¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Cómo hemos llegado a un punto en que los muertos se levantan de sus tumbas?» Apagó la luz y se quedó contemplando el techo. Sabía que no iba a poder dormir después de todo lo que había pasado aquél día. Dio varias vueltas en la cama, pero su mente no dejaba de mostrarle las imágenes de la chica del blog, del corresponsal de televisión y de las atrocidades vistas tanto en Internet como en televisión. Y la palabra zombi se le repetía una y otra vez en su cabeza. «Es real. Todo eso real… Estamos realmente jodidos.» Cerró los ojos e intentó dormir un poco.
Se despertó cuando ya estaba amaneciendo. Había tenido un sueño inquieto, intranquilo. En él, estaba frente los cadáveres de sus dos hermanos. La miraban con ojos vacíos y ella les llamaba con desesperación. Entonces se levantaban y empezaban a desgarrar su carne.
Claire estaba envuelta en sudor y decidió ir a darse una ducha. Intentó relajarse mientras el agua caliente le recorría el cuerpo, «Dios, cómo voy a echar de menos esto cuando todo se vaya a la mierda.» Cogió unos tejanos oscuros y una camiseta negra y bajó a la cocina.
Ted estaba ya sentado frente el sofá viendo la televisión de nuevo.
—Buenas, hay café recién hecho —dijo lacónicamente.
—Buenos días. Gracias, Ted —contestó Claire y se puso una taza.
Sophia bajaba en esos instantes. Llevaba la misma ropa que el día anterior y estaba despeinada.
—¿Café? —le ofreció Claire.
Ella asintió con la cabeza y se sentó junto a Ted en el sofá. Claire preparó los cafés y fue con ellos.
—¿Algo nuevo? —preguntó dando un largo sorbo a su taza.
—La misma mierda de ayer, pero nuevo —dijo Ted suspirando—. La situación está empeorando. Cada vez hay más de esas cosas.
—Zombis —corrigió Claire—. Hay que llamarlos por lo que son.
—Sí, bueno… —Ted se levantó y se dirigió a la cocina.
Sophia seguía en silencio. Su hermano volvió con una caja de galletas de chocolate y se las ofreció. Claire cogió una cuantas pero Sophia no les prestó la más mínima atención.
—Deberías comer algo, Soph —le dijo esbozando una sonrisa—. Son de chocolate, a ti te encantan.
Sophia la miró, asintió y cogió unas cuantas. En cuanto probó una, empezó a comérselas con avidez. Estaba claro que tenía mucha hambre. Claire se alegró de verla comer y beber.
—Bien —añadió y le dio un gran mordisco a una de las suyas.
De pronto el teléfono de Sophia empezó a sonar. Ella lo cogió en un movimiento rápido.
—¡Es Owen! —dijo con euforia— ¿Owen? ¿Estás bien? ¿Y Victoria? —Se levantó y se alejó un poco de ellos.
Claire miró a Ted y se mordió el labio. «Espero que nos dé buenas noticias», pensó dándole un trago al café.
Sophia volvió más animada.
—¡Están bien! Se encuentran atrincherados en un hostal. Son unas diez personas, y han reforzado el lugar con muebles, tablones y todo lo que tuvieron a mano. Están en las afueras, por lo que no pasa mucha gente. Me ha dicho que uno de los huéspedes ha hablado con su familia en Bangor y que la ciudad es un caos. ¡Pero ellos están bien! ¡Tenemos que ir a buscarles! —dijo sonriendo.
—Soph, me alegro de que estén bien, pero… —Claire miró a Ted—, no podemos salir de aquí hasta que la cosa se calme un poco.
Esas palabras borraron la alegría de la cara de su hermana.
—Pero tenemos que ir a ayudarles… No podemos dejarles allí —dijo suplicante.
—E iremos, en unos días. Te lo prometo —añadió Ted.
Sophia no parecía convencida, pero asintió.
—En unos días —dijo y se sentó con ellos en el sofá.
—Te lo prometo —repitió Ted—. Estarán bien, sé donde están. Es un lugar apartado, de estructura fuerte. Aguantarán. Igual que nosotros.
Sophia sonrió con tristeza y miró al suelo. Claire vio como se guardaba el teléfono en el bolsillo del pantalón. «Está aliviada, pero quiere ir con ellos. Son su familia. Pero salir ahora es una locura; y ella también lo sabe»
Se quedaron mirando el televisor. Parecía que Ted tenía razón, no había nada nuevo, sólo las mismas imágenes de muerte que cuando se fueron a dormir. Aunque Claire pensó que no era así del todo. Algo había cambiado. Lo podía ver en las imágenes. Cada vez habían más ataques, más hordas de muertos; y las personas que registraban las imágenes solían acabar en el suelo.
Había empezado una guerra contra aquellos seres, y los humanos la estaban perdiendo.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Lun, 13 Oct 2014, 22:42

Capítulo 7

Claire se dio cuenta de que los presentadores del noticiario que estaban viendo habían cambiado. Ahora eran otros los que repetían una y otra vez los mismos mensajes de precaución, caos y violencia.
Sophia había decidido resignarse y estaba sentada en el sofá con una gran taza de té caliente entre sus manos. Ted miraba tanto la pantalla del ordenador como la del gran televisor.
Siguieron en silencio hasta que Claire decidió romperlo.
—Será mejor que vayamos a dormir un poco. Es tarde y nos vendrá bien descansar.
Sus hermanos asintieron. Se levantaron del sofá y fueron cada uno a sus habitaciones despidiéndose con un escueto Buenas noches.
Claire se puso el pijama, se tendió en la cama y apagó la luz. «Tenemos que planear algo. Estamos en un lugar seguro, alejado de todo, eso nos dará margen para sobrevivir y que el gobierno arregle las cosas… Y si no lo consiguen, al menos tendremos un tiempo para planear que haremos entonces. Y está el tema de Soph.» Cerró los ojos, intentando no pensar en nada y trató de dormir aunque fueran un par de horas.

A la mañana siguiente, Claire fue la primera en despertarse. Preparó café para todos y unas tostadas con mermelada de cerezas. Preparó la mesa y esperó a sus hermanos. El primero en bajar fue Ted, que le agradeció el desayuno y empezó a comer mientras esperaban a Sophia. Su hermana menor bajó en pijama y al ver la mesa esbozó una sonrisa.
—Gracias, hermanita —dijo y se sentó con ellos en la mesa de la cocina.
—Bien, habría que hacer un recuento de provisiones, y poner algo contra las puertas y las ventanas del piso inferior. Sólo por si acaso —dijo Claire y suspiró.
Su hermana dio un largo trago del humeante café, la miró y asintió.
—Tengo algunos tablones en el sótano. Quería hacer un cobertizo para guardar herramientas, podríamos usarlas —añadido Ted.
—Perfecto entonces —Claire sonrió.
Los tres acabaron el desayuno y bajaron al sótano para empezar a trabajar. Cogieron varios tablones, clavos y dos martillos y fortificaron la casa con las cosas que tenían. «Así me sentiré más segura —pensó Claire—. Espero que no tengamos muchos problemas.»
Cuando terminaron, decidieron hacer algo rápido de comer. Miraron en la nevera y cogieron un pollo.
—Gracias a dios que aún tenemos luz, agua y gas —dijo Ted sonriendo.
—Sí, esperemos que dure —contestó Claire.
—Debería haber comprado placas solares, mira que estuve a punto, pero eran muy caras —añadió su hermano mientras metía el pollo en el horno.
—Hubiera estado bien, sí, pero ¿quién nos iba a decir que esto ocurriría? —dijo Claire.
—Nadie —contestó escuetamente Sophia mientras cortaba unos tomates para hacer una ensalada.
—Nadie —repitió Claire mirándola.
Sophia estaba ausente, «Está pensando en su familia», Claire se acercó a ella y la abrazó. Su hermana le devolvió el abrazo.
—Gracias —susurró—. Estoy bien, no te preocupes —añadió y siguió preparando la ensalada.
Claire cogió el mando de la televisión y la encendió.
—A ver si hay alguna novedad.
Sólo había un presentador, un hombre de unos cuarenta años con rostro severo. Llevaba una camisa empapada en sudor y miraba a la cámara claramente alterado.
—¿Pero qué…? —empezó a decir Claire y subió el volumen. Sus hermanos dejaron de preparar la comida.
—Sentimos comunicarles que debemos cortar la emisión en directo. Ya no habrá más comunicados del gobierno. Ya no habrá más retransmisiones en directo —Se escuchó un gran estruendo y el periodista hizo una pausa—. Están dentro. Se encuentran por todas partes. Lo único que podemos hacer es intentar sobrevivir —Removió los papeles y miró a cámara con seriedad—. Buena suerte.
La retransmisión se cortó, dejando la pantalla con una imagen del logotipo de la cadena.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Sophia.
—La radio —dijo Claire en un impulso.
Ted puso la radio que tenía en la cocina y buscó alguna emisora que aun funcionara. En la mitad sólo había interferencias, y en las otras, el mismo comunicado de precauciones que el gobierno había difundido hacía ya dos días.
Entonces encontraron una voz aguda, asustada.
—Estamos atrapados en la emisora WG, edificio Greyhook, en Porland. Por favor, si alguien nos escucha, que venga a ayudarnos. Esas cosas están aquí; sólo una puerta nos separa del infierno, por… por favor, que alguien nos ayude —Empezó a sollozar—. Necesitamos ayuda… —Se escuchó un golpe, seguido de gritos de al menos tres personas diferentes, y Ted cambió de dial.
—No hace falta que escuchemos más —dijo en tono sombrío y tanto Claire como Sophia asintieron.
Siguió buscando otra emisora y dio con otra que aún emitía en directo.
—Washington ha caído. Desde hace ya horas que no sabemos nada del gobierno. El presidente Wilson y todo su gabinete han sido evacuados y se desconoce su paradero. No se acerquen a los hospitales ni a las grande ciudades, permaneced en lugares seguros y sobretodo, no dejéis que os cojan.
Los tres hermanos se miraron. «Todo se desmorona a nuestro alrededor», pensó Claire mientras Sophia volvía a la cocina y Ted no se apartaba de la radio. De pronto, se escuchó como una explosión a lejos.
Claire, Ted y Sophia subieron corriendo por las escaleras para poder ver lo que había ocurrido por las ventanas del piso superior.
A través del cristal que daba al jardín trasero vieron a lo lejos la ciudad de Bangor envuelta en llamas.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Mié, 15 Oct 2014, 22:27

Capítulo 8

«No puede ser verdad.» Claire se llevó una mano a la boca mientras veía como la ciudad ardía. Un helicóptero que volaba bajo chocó contra uno de los edificios de la periferia.
La luz se cortó con un chasquido, y la luz de las llamas impedía que se quedaran totalmente a oscuras. Sophia cogió del brazo a Claire.
—No te preocupes, Soph —dijo y la miró-. Estaremos a salvo aquí.
—¿Y qué pasa con Owen y Victoria? ¡Ellos se encuentran en la ciudad! —Empezó a llorar.
—Puede que estén bien, por lo que veo, el fuego es muy espectacular pero está localizado en la zona este de la ciudad —añadió Ted sin apartarse de la ventana—. ¿Sabes cómo se llama el hostal?
—Green no se qué —contestó con nerviosismo.
—Green Hollow, es el único con ese nombre —Ted se quedó pensativo unos segundos—. Está en la zona oeste, en las afueras, así que están bien —añadió sonriente—. Si el fuego llegara a esa parte, les daría tiempo de evacuar el lugar.
—Pero, ¿y los muertos? Quiero decir, los zombis, son un peligro, ¿no? Si salen, están perdidos —dijo Sophia con un hilo de voz.
—Soph, no son tontos. Estarán preparando armas, tendrán vehículos cerca, sabrán como arreglárselas —Sonrió y le acarició el rostro—. Ya lo verás.
—Voy a llamarle. Les diré que vengan aquí, que hay un incendio y no están a salvo en ese lugar —Sophia empezó a alejarse de ellos y fue hacia su habitación.
Ted miró a Claire y frunció el ceño.
—¿De verdad te crees eso, Claire? —dijo y se apoyó contra el cristal.
—Hay que tener esperanza, ¿no? En estos momentos no nos viene nada mal —Cruzó los brazos—. Vamos a buscar velas, anda.
Los dos hermanos bajaron y fueron a la cocina. En uno de los armarios había cinco grandes velas blancas.
—¿Hay más? —preguntó Claire.
—Claro, en el sótano —contestó Ted mientras encendía una de las velas.
—¿La cocina va por cañerías o bombona? —quiso saber Claire.
—Bombona; las cañerías no llegaban hasta aquí. Es una suerte —Sonrió.
—Bien, ¿y cuántas tienes en el sótano?
—Pues para unos meses, creo —dijo Ted colocando las velas por todo el salón—. También tengo estufas y unas cuantas bombonas pequeñas. Ah, y la caldera. Tendremos agua caliente hasta que no llegue el agua.
—Estupendo. A ver cuantos días tarda en fallar el agua —añadió Claire con sarcasmo—. Supongo que no tendremos la suerte de contra con pozo propio.
—No. El agua es de la ciudad, así que en un par de días, como mucho, ya no tendremos —Genial. ¿Y si llenamos la bañera de agua? La podríamos usar para el inodoro —propuso Claire.
—Sí, esa es buena hermanita —Ted asintió con la cabeza y le revolvió el pelo a Claire.
—Anda, aparta —dijo Claire riendo—. No me hacías eso desde que era pequeña.
Sophia bajó corriendo las escaleras y se unió a ellos.
—¡Chicos! ¡Chicos! ¡Owen me ha dicho que están bien! —Les abrazó—. En cuanto la cosa se calme, vendrán. Tienen un par de coches y camionetas en la entrada, recogerán provisiones y se unirán aquí con nosotros —Se la veía entusiasmada.
—¿Ves cómo te dije que estarían bien? —dijo Claire, «Menos mal que están bien, Dios, menos mal.»
—Bien, pues ahora ayúdanos a encender velas y llenar la bañera de agua —añadió Ted.
—¿La bañera? —Sophia les miró extrañada.
—Sí, así cuando nos la corten tendremos agua para el poder tirar de la cadena, ya sabes —contestó Claire y le guiñó el ojo.
—Aaah, claro, pero… ¿Cómo nos duchamos hasta entonces?
—Eso no es problema, en mi habitación hay un pequeño baño con ducha —dijo Ted.
—Genial —añadió Claire—. Propongo que nos duchemos cada día; no sabes cual será el último.
—Buena idea —dijo Ted—. Bueno, chicas, es mejor que empecemos a movernos antes de que se haga más de noche.
Sophia y Claire asintieron y los tres bajaron al sótano. Cogieron diez velas más para ponerlas en las habitaciones y en el baño y una bombona para tenerla arriba cuando se acabara la que estaba puesta.
Ted fue al baño y llenó la bañera con agua mientras sus hermanas encendían las velas.
—¿Crees que todo saldrá bien? —preguntó Sophia.
—Claro, aquí estamos a salvo, y en cuanto vengan Owen y Victoria con los demás, tendremos más armas para defendernos —contestó Claire y sonrió.
«Pero eso no es lo que debería preocuparte, si no los zombis. Sólo espero que no se encuentren con muchos por el camino.» Pensó Claire. Tenía mucho cariño al marido y a la hija de su hermana, y la idea de que les ocurriera algo le aterraba.
—¡Chicas! Tenéis que ver esto —Ted se quedó en los dos últimos peldaños de la escalera.
Claire y Sophia no dudaron y subieron las escaleras. Las condujo a la habitación donde tenía el ordenador.
—Estaba buscando unas linternas —dijo mientras caminaban—, cuando al mirar por la ventana vi eso.
Ted se quedó en la puerta de la habitación. Claire y Sophia se aproximaron al cristal.
—Dios, no —Sophia se apartó y chocó contra la mesa del ordenador.
Claire miró con atención en la negra noche. Por la carretera que les había llevado hasta la casa de su hermano, un grupo de personas caminaban lentamente sin rumbo fijo. Agudizó la vista, pero no conseguía verles bien.
—¿Tienes prismáticos? —Miró a su hermano.
—Un momento —dijo Ted y se marchó.
Sophia seguía apoyada contra a mesa, mientras Claire observaba la puerta esperando a su hermano.
Unos minutos después apareció Ted con rostro triunfante.
—¡Los encontré! —Se los pasó a Claire—. Aunque no creo que los necesites para saber qué significa eso.
Claire consiguió distinguir a una de ellos; era una mujer con el cabello largo y claro pegado a la cara. Gracias a la luz del incendio de la ciudad, podía ver algunos detalles aunque no los colores. Tenía la ropa desgarrada y manchada con algo oscuro. Parecía aturdida y torpe. Antes de girarse para hablar con sus hermanos sobre lo que pasaba fuera, vio como la mujer cambiaba de dirección y dejaba al descubierto una espalda destrozada.
Claire apartó los prismáticos y suspiró.
—Ya llegan—sentenció sin apartar los ojos de la ventana.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Rain Cross » Jue, 16 Oct 2014, 16:43

Capítulo 9

—¡Rápido! ¡Apagad las velas! —dijo Claire con nerviosismo y apagó la que Ted llevaba en la mano.
Los tres fueron por la casa hasta que se hizo la oscuridad. La luz de las llamas del gran incendio de Bangor les daba claridad dentro del recinto, por lo que podían distinguir formas y seguir observando lo que ocurría en el exterior.
—¿Y si bajamos las persianas? —preguntó Sophia casi en un susurro.
—Haríamos demasiado ruido —contestó Claire y miró a sus hermanos—. Tenemos que evitar hacer ruido y que no nos vean. Esperemos que así pasen de largo.
Ted y Sophia asintieron. Claire fue hacia la ventana y vigiló al grupo de cadáveres que se aproximaban a ellos con los prismáticos.
—¿Se acercan? —dijo Ted acercándose hacia ella.
—Van dando tumbos, pero parece que no les llamamos la atención. Al menos por el momento.
A pesar de que ya era de noche, Claire podía ver a esos seres; personas mutiladas y demacradas que iban sin rumbo fijo en busca de presas. «Que dios nos ayude.»
—¿Qué es eso? —preguntó Ted señalando hacia el bosque de detrás de la carretera.
Sophia se puso tras ellos y se apoyó en sus hombros de Claire—. Allí, mira.
—No… no lo distingo bien —Claire intentó agudizar más la vista hasta ver algo que le hizo estremecer—. No puede ser verdad…
—¿Qué pasa? —Sophia le apretó los hombros.
—Es un hombre. Corriendo. Huyendo —dijo con un hilo de voz.
Los tres se pegaron al cristal para ver lo que estaba ocurriendo. Claire vio todo lo ocurrido: el hombre corriendo, tras él, un grupo de diez zombis siguiéndole sin tregua. El pobre se tropezó con un tronco, y los muertos se le echaron encima.
En ese momento su hermana se alejó de la ventana y se apoyó contra la pared.
—Se lo están comiendo vivo… a escasos metros, y no podemos ayudarle —Se llevó una mano a la boca y empezó a llorar.
Ted la abrazó, susurrándole cosas para calmarla. Claire desvió la vista y continuó espiando al grupo que se les aproximaba.
«Están acechando, esperando el menor movimiento para ir hacia él. Son como animales.»
Uno de los seres miró hacia ella y sacó los dientes, y aunque sabía que no podía verla, sintió una punzada en el estómago. El zombi, un hombre gordo, giró y se marchó por el lado contrario de donde se encontraba la casa. «Demonios, parecía que me había visto.»
—¿Se acerca? —preguntó Ted sin soltar a Sophia.
—Parece que no; lo de apagar todo y no hacer ruido a funcionado —Miró a sus hermanos y sonrió—. Creo que será mejor que vayáis a dormir. Yo me quedaré haciendo guardia un rato más, por si acaso —dijo con calma.
—¿Estás segura? —dijo Ted dubitativo.
—Sí, no creo que tengamos problemas. Y si los tuviéramos, me daría tiempo de despertaros y prepararnos. Además, la verja de metal les detendrá durante un largo rato —Guiñó el ojo.
—Está bien —contestó su hermano y se llevó a Sophia a su habitación.
—No te preocupes, Soph, todo irá bien —dijo Claire antes de que se marcharan.
Su hermana sonrió y asintió con la cabeza. Ted y Sophia fueron a dormir. Claire se quedó en la ventana durante unas horas para vigilar a los zombis.
Cada vez habían más, pero eran lentos, torpes y lo mejor, no se percataban de su presencia. Algunos miraban a la casa para pasar de largo a los pocos segundos. Claire vio la mitad de un niño en la carretera arrastrándose; dejaba a su paso un reguero de algo oscuro.
Pasaron también un par de coches por la carretera a toda velocidad, esquivando a los muertos. Uno no lo consiguió y chocó contra un árbol. Su conductor, una mujer de mediana edad, salió aturdida del vehículo y fue rodeada en segundos; cada grito de dolor de la mujer era una cuchillada en el cerebro de Claire. «La gente muriendo a nuestro alrededor, y no podemos hacer nada para evitarlo.»
Cuando ya eran las tres de la madrugada, se marchó a dormir a su habitación. Sus pisadas contra el parquet resonaron en el pasillo debido al silencio que reinaba en todo el lugar. Claire se puso el pijama de cuadros escocés que su padre le había regalado las navidades pasadas y se tendió en la cama. «Papá, mamá. Espero que estén bien», pensó. No habían podido contactar con ellos desde que empezó todo éste infierno, y eso no auguraba nada bueno. Intentó dormir unas cuantas horas. Dio vueltas en la cama, reviviendo lo que había visto como si fuera una película hasta que al fin consiguió quedarse dormida.
Despertó con la luz del sol acariciándole el rostro. Se levantó, cogió algo de ropa limpia «Un lujo que puede que en unos meses dejemos de tener», y fue a la habitación de su hermano. No había nadie así que se dirigió al baño para darse una ducha. Comprobó con alegría que había agua y se relajó durante unos minutos.
Cuando acabó, bajó las escales y vio a su hermano en frente mirando por una ranura entre dos tablones de madera que había al lado de la cocina y a Sophia a su izquierda hablando por teléfono en el sofá del salón.
—¿Es Owen? —le dijo Claire sonriendo.
—Sí —Apartó un poco el teléfono—. Siguen aguantando, aunque no saben cuando podrán venir hacia aquí.
—Bueno, lo importante es que estén bien —Claire le acarició el rostro a su hermana y fue hacia la cafetera. «Al fin una buena noticia», pensó alegremente.
—¿Y tú? ¿Pero qué haces? —preguntó Claire preparándose una taza de café.
—Ven, y lo sabrás —contestó Ted y se apartó cruzando los brazos sobre el pecho.
Claire caminó hacia lo que antaño había sido un gran ventanal de madera blanca y miró por el pequeño hueco.
—Joder… —Es lo único que pudo decir al ver dos zombis dando golpes contra la valla de entrada a la casa.
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Re: Mundo de Sangre y Cenizas

Notapor Robla » Jue, 16 Oct 2014, 20:53

Ando ocupadillo: pronto me pondré a ello.
Saludos, Robla.Imagen
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