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*** ESTE FORO ACTUALMENTE ES SOLO DE LECTURA. ***






Melodia de Tiempos Olvidados.

Escribe aquí tu relato de zombies (SOLO CAMINANTES REGISTRADOS - Relatos originales de zombies que no tengan nada que ver con The Walking Dead)

Melodia de Tiempos Olvidados.

Notapor beovide » Sab, 10 Ago 2013, 21:55

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Prólogo

-Deberíamos volver ya, Jason.-Manifesté a la vez que el bosque iba oscureciendo a cada paso que dábamos, el sol se estaba poniendo, y cuanto más entrábamos en el bosque más espeso era este.
-¿Tienes miedo a ese animal que hemos escuchado antes? O quizás es la oscuridad la que te da pavor?-Preguntó Jason dirigiendo una pícara sonrisa a Luke.
-Nos estamos alejando demasiado del campamento, y nos estamos quedando sin provisiones, no creo que seguir caminando sin propósito alguno sea buena idea.-El simple hecho de alejarse del campamento que habíamos montado hacía dos días al atardecer era una idea estúpida, y más aún seguir con el plan.
-¿Sin propósito alguno?-Jason apretó los labios.-Ese oso se comió nuestra comida, lo mínimo que podemos hacer es matarlo y comernos nosotros a él.
-Te recuerdo porque se comió nuestra comida?-Dobló su cabeza hacía mi.-Porque llevaría días sin probar bocado.-Replicó Jason a Luke mientras alejaba con el brazo unas ramas que le impedían seguir.
-No, se las comió porque tú las dejaste al aire libre mientras yo iba a buscar algo de madera para la hoguera. De hecho, podrías haberle detenido, pero no tuviste valor para matarlo allí mismo.-Maticé.
-Porque no tenía esto.-Dijo Jason señalando su revolver que tenía en el bolsillo derecho de su pantalón. No creía que la supiera usar, de hecho dudaba que fuese suya, pero en un caso extremo siempre venía bien un arma de fuego, y más en un día como este.

Seguimos caminando durante dos largas horas, hasta que el sol desapareció de entre los árboles. Conocía a Jason de cuando íbamos al instituto, y pese haber pasado 20 años, seguía teniendo el pelo como una catarata de oro líquido, dorado y brillante. Sus ojos eran verde oliva, muy própios de su família, y una nariz esbelta, como su cuerpo, todo lo contrario a Luke. Yo era regordete, con la cabeza calva y redondeada, con unos ojos oscuros como la noche y pequeños como las monedas. Mi cara estaba cubierta por una espesa barba roja que había conservado desde los diecinueve años.

-Jason, son más de las diez de la noche, el sol ya se ha puesto, estamos a oscuras en el bosque, con decenas de animales peligrosos que aún no han comido. Creo que deberíamos volver ya.-Estaba cansado, y con suerte se podía ver tres pasos más allá con las linternas. Hubiera mentido si dijese que no tenía miedo, pero no podía permitirme ese lujo con Jason, él estaría recordándolo todo el resto del viaje.
-Quieres que volvamos a oscuras al campamento? Estas de coña? Llevamos más de tres horas caminando, y como mínimo tardaríamos tres horas más en volver, contando que no nos perdemos.-Por primera vez, Jason tenía razón, era un plan sin sentido, pero, que más opciones nos quedaban?-Podríamos hacer aquí una hoguera, dormir hasta que salga el sol y volver al campamento, podríamos hacer turnos de guardia o algo.-Dije a Jason, que dobló su cabeza al instante y se paró en seco, llevando sus ojos a los míos y haciendo una mueca de desaprobación.
-¿Una hoguera? Estas de coña. Una hoguera puede hacer un incendio y chamuscarnos mientras dormimos. Si paramos aquí ni palabra de fuego, entendido?-Finalizó Jason con tono tajante.

Seguían pasando los minutos y caminábamos sin sentido alguno, seguía los pasos de Jason y el los míos, y poco a poco nos íbamos introduciendo cada vez más en el bosque, donde los pájaros cantaban, los animales cazaban, y la oscuridad gobernaba. A cada paso que dábamos sentía como el aire frotaba mi mejilla, como si de un guante de hielo se tratase, dejándome el vello de punta. Miré a mi compañero, que caminaba tranquilo, sin prisas, parecía no afectarle todo esto, seguía en su mundo, un mundo totalmente diferente al real.
Finalmente me decidí por frenarme, a la espera que Jason se diera cuenta de que había frenado, pero tardo más de lo que había esperado.-Luke, que haces? No podemos dividirnos.-Dijo Jason, mirándome desde lejos, con cara de enfado, estaba perdiendo los nervios.
-Sigue tu, yo me voy a parar a descansar, esta zona tiene menos árboles y es más plana, podremos dormir aquí.-Informé a Jason mientras me tumbaba en el suelo.-Esta bien, tu túmbate y yo buscaré por la zona haber si hay algún peligro, pero la primera guardia la haces tu.-Asentí con la cabeza, y cerré los ojos, mientras escuchaba las hojas romperse al compás de las pisadas de Jason, que se alejaban a cada segundo, era un sonido agradable.
Desperté a causa de los gritos de Jason, y me levanté corriendo.
-Luke, ven rápido, creo que he encontrado al oso.-Si claro, pensé, entre la oscuridad y en su propia casa se va a dejar encontrar un oso, y más por un imbecil como Jason, pero me acerqué a él, que se encontraba inerte frente los arbustos, mirando al horizonte, con la mirada perdida entre la oscuridad del bosque. Le puse la mano en el hombro y cuando fijé la vista en el árbol que estaba en frente nuestro lo visualicé. Era un oso, estaba claro, pero estaba siendo devorado por...un hombre.
-¿Que hacemos, Luke?-Preguntó Jason en búsqueda de respuestas que no encontraría.-Joder, Luke, responde, que cojones hacemos?.
-Salgamos de aquí, antes de que se de cuenta de nuestra presencia.-Y poco a poco empecé a dar pasos hacía atrás, con la intención de hacer el menor ruido posible. Aún no tenía claro si era un hombre o otro animal, pero no quería comprobarlo.
Cuando nos alejamos lo suficiente, dejando al oso y aquel cuerpo, porque no me atrevía a decir si tenía vida, entre la oscuridad, volví a colocar la mano en el hombro de Jason.-Esto no es seguro, no podemos seguir en este bosque con ese tipo aquí, no señor.-Dijo mientras sacaba su revolver del bolsillo del pantalón y se preparaba para disparar.-Estas loco, Jason? Si disparas te pueden meter en la prisión! Además, llamarás la atención de todos los osos del bosque, es mejor salir corriendo de aquí cuanto antes.-Intenté cogerle la pistola, pero él me empujo contra un árbol, y segundos después, disparo, atravesando el pecho de aquel hombre que yacía en el suelo comiéndose un oso crudo.

-No ves Luke, ya esta todo solucionado, le he dado en todo el pecho.-Dijo Jason con un tono de felicidad y nerviosismo, había salvado su vida, pero posiblemente era la primera vez que disparaba a un hombre.
-Estas seguro que le has dado en el pecho? Porque se esta levantando y viene hacía aquí.-Entonces el rostro de Jason cambio por completo, y este se acercó corriendo a por aquel cuerpo. Entonces lo vi con claridad. Tenia el aspecto de un hombre, el color de su piel era como el de la leche cortada, y tenía el pelo liso y descolorido, que le llegaba hasta los hombros. Sus ojos eran rojos como la sangre, y no tenía vello facial. Por su estatura y cuerpo, no debía de tener más de treinta años y vestía un chaleco azul, que poco después descubrí que se trataba de la policía nacional, por la chapa que lucía en el lado derecho del chaleco. Este estaba sucio y lleno de barro y sangre, no debía de ser el único oso que caía en sus manos, o quizás no eran solo osos? Tenía la mandíbula descolocada y los dientes amarillos. En un primer momento dudé entre que fuera un salvaje o un disfraz, pero cuando llegué a ver su brazo colgando y las balas como atravesaban su cuerpo no tuve duda: Zombie.
Había leído mucho de ellos, pero jamás esperaba ver uno, de hecho, siempre deseé que fueran simples cuentos, mi hermana Kelly hubiera deseado verlo con sus propios ojos.
Pude ver como Jason tiraba al suelo el revolver, imagino que se quedó sin balas y lo lanzó al suelo, pero el indeseable zombie seguía de pie, atravesado por siete balas, una detrás de otra, perforando completamente su torso. Entones fue cuando recordé que en mis libros te decían que tenias que atacar a la cabeza para acabar con ellos, y así se lo dije a Jason.-¡Jason! Golpealé con un palo o con el revolver en la cabeza, rápido.!
-Ostia, pensaba que ya te habías ido corriendo a por tu madre, hijo puta, ven aquí a ayudarme, quieres que le meta una ostia en la cabeza? Pues así lo haré!.-Fue finalizar la frase y salir corriendo a por el cuerpo para encestarle un golpe en la cabeza que le dejo inerte en el suelo, sin gestos de vida. Lo habíamos logrado.
-Que pequeño Luke, estas mas tranquilo ahora, con Jason aquí todo es sencillo, tu ponte a mi lado y llegaremos a salvo a casa.-Entonces lo vi, diez, no veinte, mierda, cada vez eran más y venían por todos los lados, los disparos les habían atraido, y estabamos rodeados.-Que es esa cara, Luke? Aún estas asustado de lo de antes?-Jason seguía sin darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor, y fue entonces cuando cinco de ellos se lanzaron por su espalda a su cuerpo.-Ayúdame, Luke, por favor, no me dejes morir, ayúdame...-Sollozaba Jason, al que despedazaban como un carnicero a una vaca. El festín de sangre era horroroso. No podía hablar, no sabía que hacer, no podía ir ayudar a mi amigo, ya le faltaba media cara y un brazo, pero estaba rodeado, que podía hacer?
Cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde. Me habían acorralado, y pese su corto paso, me habían alcanzado. En un último intento de escapar, intenté subir a un árbol, pero la rama se rompió. En el segundo intento hice un salto más alto y conseguí agarrarme por los dedos a otra rama más alta. Intenté balancearme para poder subir, pero estaba muy gordo, y los zombies no tadaron en rodear el árbol empezar a levantar las manos en búsqueda de mi pierna. Finalmente logré balancearme con fuerza y subir un pie a la rama, pero esta se rompió, dejándome caer encima de los treinta zombies, que me devoraron. Lo último que vi, fue la cara de Jason, arrancándome un brazo y comiéndoselo como uno más de ellos.

No quiero ser uno de ellos.
Última edición por beovide el Lun, 09 Sep 2013, 20:53, editado 1 vez en total
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Re: Melodia de Tiempos Pasados

Notapor beovide » Dom, 11 Ago 2013, 15:57

Que tal chicos! :Braz Aquí me tendreis de nuevo, explicándos una historia de lo más real posible.
Algunos os preguntareis por mi anterior fic, y siento comunicaros que finalmente lo abandoné, al no encontrarme con fuerzas para seguir con él. Además, en un formateo del ordenador perdí todos los episodios que había escrito, y volver a empezarlo todo era una estupidez, porque había cientos de cosas de las que em había olvidado, y pese intentarlo, no logré ponerle punto final a la historia.

Dejando el pasado atrás, vengo con muchas ganas y con un proyecto muy interesante a lo personal se refiere y espero que a vosotros también os lo parezca.
La historia se llama ''Melodia de Tiempos Pasados'' y esta compuesta por 5 ''libros'' en total, el primero de ellos, El Aullar del Lobo.

Aún no tengo definido cuanto de largo será cada libro, pero imagino que constará minimo de 50 capítulos y un prólogo. El capítulo que habeis podido leer es el prólogo del primer libro.
Además, la historia será narrada por diferentes puntos de vista, y no solo explicaremos la vida de un campamento, sino la de varios campamentos y ciudades, explicando ampliamente cada succeso de donde realizaremos la historia, EEUU.

Sin más, os dejo con el primer capítulo de ''El Aullar del Lobo'', espero que sea de vuestro agrado y comenteis vuestras opiniones al respecto de la historia.

Saludos.

Índice:
Spoiler: Show
Melodia de Tiempos Olvidados
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El aullar del Lobo:
0.Prólogo
1.
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Re: Melodia de Tiempos Pasados

Notapor Nadia » Lun, 12 Ago 2013, 15:07

¡Me ha encantado! :aplauso: :aplauso: :aplauso: :aplauso:

He conseguido empatizar con el personaje rapidamente pues ya estoy cansada de los personajes perfectos, musculosos, muy bien que sea un gordito pero te lo has cepillado pronto. Pobrecillo xDD

Esta muy bien narrado, me gusta que sea un proyecto personal y no basado en la serie o cómic, por ahora me ha agradado y por lo que has dicho estoy segura que me seguirá gustando. Eso de los puntos de vista me fascina.

Ya tienes una lectora por aquí. ;)
Última edición por Nadia el Lun, 12 Ago 2013, 17:47, editado 1 vez en total
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Re: Melodia de Tiempos Pasados

Notapor Irika » Lun, 12 Ago 2013, 15:41

¡Yuhu! ¡Historia original! :combustion:

Muy bueno :aplauso: el típico cachas sin cerebro (así me lo ha parecido a mí) y el gordito cobarde...pues toma, el mismo destino para los dos, no hay salvación.

Tiene muy buena pinta, la verdad :Ola:

Moraleja: la venganza no es buena; si un oso te roba la comida, déjalo estar :lol:
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Re: Melodia de Tiempos Pasados

Notapor beovide » Dom, 25 Ago 2013, 11:49

Nadia escribió:¡Me ha encantado! :aplauso: :aplauso: :aplauso: :aplauso:

He conseguido empatizar con el personaje rapidamente pues ya estoy cansada de los personajes perfectos, musculosos, muy bien que sea un gordito pero te lo has cepillado pronto. Pobrecillo xDD

Esta muy bien narrado, me gusta que sea un proyecto personal y no basado en la serie o cómic, por ahora me ha agradado y por lo que has dicho estoy segura que me seguirá gustando. Eso de los puntos de vista me fascina.

Ya tienes una lectora por aquí. ;)


*Nadia*
Bienvenida!!!
Me alegro que te gustara, era una simple introducción, sin mayor importancia, simplemente uno buscaba que entendierais como iba a ser esta historia, detallista, inpredecible, y sobretodo, real.
Tranquila, te peudo asegurar que cada personaje será un mundo. Busco que cada personaje cause sensaciones, malas o buenas, pero no quiero dejar a nadie a medias con ello. Habrá genet codiciosa, gente leal, gente loca...lo que peudes esperar en un mundo real. Pobre Luke, tenía dos opciones, mientars escribía, hacerle vivir, o matarlo, y los dedos fueron solos, decidieron que muera :SILB
Uno trabaja mucho en este proyecto, de hecho, llevo escribiendo el siguiente episodios unos tres dias, escribo en el momento que me apetece, busco sinonimos, pienso cada situación...es una narración compleja y difícil, y sobretodo larga de hacer, no prometo un post por día, pero prometo trabajo y sentido a cada una de mis palabras.
Como dije, esto trata de un proyecto oficial, bien hecho, no queiro prisas, porque no las hay. Simplemente busco hacer una hsitoria inteersante, pese que eso lleve horas y horas de trabajo.
Los puntos de vista serán importantes como el que más en este libro. Veremos como cada uno explica desde su punto de vista cosas tan parecidas...Como vive una madre el apocalípsi, como lo viven los niños, y sobretodo, una novedad importante respeto a los demás fics/hsitorias, como lo viven desde el gobierno.

Espero verte por aqui, que tu historia fue entre otras cosas un punto de inspiración a la hora de escribir varias cosas del siguiente post. Cuando termine de leer, comentaré como uno más ;)

Saludos!
Irika escribió:¡Yuhu! ¡Historia original! :combustion:

Muy bueno :aplauso: el típico cachas sin cerebro (así me lo ha parecido a mí) y el gordito cobarde...pues toma, el mismo destino para los dos, no hay salvación.

Tiene muy buena pinta, la verdad :Ola:

Moraleja: la venganza no es buena; si un oso te roba la comida, déjalo estar :lol:

*Irika* Bienvenida, Irika!

Me alegra que te haya gustado, pese a ser un simple prólogo, sirve para saber como será la historia. Si te gusto, la hsitoria seguro que te gusta el doble ;) Jason era un personaje atípico. Como dijo Luke, era igual que en el instituto, un niño. Y los niños hacen niñerias. Yo lo veía como el rubio guaperas mimao de mama que siempre tiene lo que quiere y más. Lo que se dío a entender con estos dos personajes, es que en este mundo, da igual como hayas sido, lo importante es como eres. Y los dos fueron diferentes en el pasado, pero acabaron siendo lo mismo, y pro ende, acabaron teniendo el mismo futuro.
Pinta buena tiene, esperemos que llegue a buen puerto, como yo lo espero también.
Más que eso, yo creo que sería como:
Moraleja: Si et encuentras un hombre comiendose un oso, seguro que no le importa comerte a ti tambien :lol:

Gracias por pasarte, ojalá te veámos más por aqui.

Y a continuación el primer capítulo de ''El Aullar del Lobo'', primera novela de la saga de ''Melodia de Tiempos Olvidados''
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Re: Melodia de Tiempos Pasados

Notapor beovide » Dom, 25 Ago 2013, 11:54

Jacob

El día había amanecido fresco, indicando la llegada del invierno al estado de Míchigan. Jacob se levantó de la cama de un salto y se colocó las zapatillas con cuidado, para no despertar a su viejo perro Stewart, un Carlino de pelaje blanco con topos oscuros en el vientre, que descansaba bajo su cama, en una manta roja de lino, que le había regalado su abuelo en su quinto cumpleaños. Bajó los escalones saltando hasta la planta baja del piso. Jacob siempre había soñado en vivir en un gran castillo de piedra, con torres que atravesarán las nubes y sirvientes que le hicieran los deberes, y su casa en Detroit no cumplía con sus expectativas. Pese a todo, era una casa grande, con una habitación para cada uno de sus hermanos, dos lavabos y una amplia cocina donde poder cocinar.
Cuando llegó a la planta baja, escuchó la caída del agua del lavabo, y luego, vio como el pomo de la puerta se movía en círculos por su hermano pequeño Ryan, que intentaba salir. Frente la puerta esperaba Sophie, con el pelo revuelto y con un camisón blanco de seda que dejaba entrever sus débiles curvas. Sophie era alta y esbelta, con la cabellera rojiza de su madre y los ojos verdes oliva de su abuela. Tenía unos labios finos a juego con su cabello, y un tono de piel claro. Pese a sus catorce años, los pechos le habían crecido casi como a nuestra madre. Era la más grande de sus hermanos, y se había criado con mi abuela Esther. Una vez escuché decir a mi hermana Andrea que no era hija de John, por lo que no era nuestra hermana, pero yo no estaba seguro, sabía que no compartíamos padre, ya que mama y papa se conocieron después de que naciera Sophie, pero eso no significaba que fuera nuestra hermana, o al menos eso me recordaba la vieja Esther cuando le preguntaba sobre el padre de Sophie. El que salía por la puerta era mi hermano pequeño Ryan. Según Andrea, él era el más parecido a nuestro padre, tenía el pelo oscuro como la noche, pero brillante como la luna a media noche por la gomina que le daba forma de cresta al oscuro pelo. Sus ojos iban a juego con su pelo y era delgado como un palo y casi tan alto como él, pese a tener tres años menos. Sobre su cabellera se posaba una gorra de béisbol azul, y sobre sus hombros una camiseta gris con el dibujo de un león dorado en el costado derecho. Llevaba un pantalón de chándal oscuro que casi no le llegaba a los tobillos.<<Ha vuelto a crecer>>pensé.
Cuando se apartó de la puerta cruzamos las miradas.<<Te debo una>>murmuré. Entonces salí corriendo desde el final de los escalones hacía el lavabo. Sophie me miró sin comprender que estaba pasando, pero se giró sin darle importancia para entrar al baño, pero Ryan le corto el paso.
-Pequeño enano, déjame pasar.-Empezó a gritar Sophie a Ryan, que había abierto los brazos para que Sophie no pudiera avanzar. Tardó dos segundos en reaccionar, pero finalmente intentó empujar a su medio-hermano a un lado para entrar al baño, pero ya era demasiado tarde. Había llegado yo antes. Esbocé una ligera sonrisa a mi media-hermana cuando cruzamos las miradas, y cuando se preparó para volver a gritar la puerta ya estaba cerrada, conmigo dentro y con ella fuera. Mi hermano me había salvo, si Sophie llega a entrar antes que yo, podría haber esperado horas en la puerta mientras ella se arreglaba.¿Porque las mujeres no podían ser más rápias?-Suspiré. Me puse frente el espejo y empecé a peinarme el pelo rojizo para adelante, dejando que el sutil flequillo tapase mi frente hasta las finas cejas. Luego abrí el grifo y moje los cristales de las gafas y las sequé bien, para finalmente ponérmelas sobre mi gran nariz. Las gafas de pasta negra eran muy grandes, mucho más de las que había tenido hacía unos años. Volví a mirarme al espejo. A veces soñaba con que mi cuerpo cambiaba. Dejaba atrás mis gafas y mi gran nariz, también los michelines y los ojos marrones, para dar entrada a un cuerpo de cuentos, esbelto, con el pelo como cataratas de oro al aire y los ojos azules como el mar. Pero sabía la dura realidad que le había tocado. Su pequeño hermano Ryan era delgado y hermoso como su fallecido padre, Sophie era una belleza como su madre, y Andrea contenía toda la dulzura de una niña de siete años. Hasta el pequeño Tyron, con solo dos años disfrutaba de mejor aspecto que Jacob.
Tiré de la cadena para dejar caer el agua, como todos mis anteriores pensamientos y salí del lavabo.
Me dirigí a la cocina donde le dí dos bocados a una tostada recién echa con mermelada de fresa antes de volver a subir a mi habitación para cambiarme de ropa. Hoy tocaba gimnasia, debía de ponerse algo cómodo para hacer deporte. Finalmente acarició por debajo de la oreja a Stewart y bajo corriendo a la puerta, frente a esta reposaba su madre, una mujer de treinta y cinco años, de nombre Joanna. Su pelo le llegaba más allá de los hombros, y era rojizo como el de su hermana Sophie. Unas bolsas le ocupaban la parte inferior de los ojos marrones, que miraban al horizonte, sin dar señales de movimiento. Pese a su edad, desde la muerte de mi padre aparentaba cuarenta y tantos. Su piel fina y morena había pasado a un tono pálido y arrugado, y su pelo había perdido el brillo que había hecho caer a cientos de hombres a sus pies. Hasta vestía como una mujer mayor, con una falda verde oscuro con bordados blancos que le llegaba sobre los tobillos y una chaqueta amarilla de líneas con bordados verdes de piel de león. Jacob nunca había pensado algo malo de su madre, pero tanto él como sus hermanos pensaban que la muerte de John había afectado a Joanna la que más. Ya no era la mujer divertida y sensible que despertaba a los cinco hermanos con un beso en la mejilla y cantos de sirena, ahora era una mujer apoderada por el estrés y el trabajo, sin tiempo para sus hijos. No la criticaba por eso, ella debía de traer el pan a casa, ganar dinero, cuidar de sus hijos...Todo había mejorado cuando la abuela Esther vino para ayudar a mi madre con los niños, pero ella se había puesto enferma y todo se había vuelto a complicar.
Junto a su madre, Ryan y Andrea hablaban de quien era más listo, si los padres o los hijos. Andrea decía que los padres siempre tenían las respuestas a las preguntas de los hijos, y por eso eran más listos. Ryan argumentaba que quien inventó la gravedad fue Newton, y no su padre, y ella asintió entre risas. Esbocé una ligera sonrisa y me acerqué a Ryan.
- Gracias por lo de esta mañana, si Sophie llega a entrar antes que yo, aún estaría esperando en la puerta.- Le dije dando una palmada en el hombro.-Nada de gracias, hermano, yo te he salvado esta vez, pero mañana te toca a ti madrugar para coger sitio en el baño.-Dijo Ryan con una gran sonrisa que dejaba ver los agujeros en su dentadura, a causa de la caída de dientes.-Hecho.-Suspiré, le debía una, pero no tenía ganas de levantarme pronto, quizás mañana se le olvidara, aunque Ryan Ford nunca olvida, pensé.
La última en llegar fue mi hermana Sophie, que acababa de salir del baño, sin pasar antes por la cocina.
-Sophie, debes de comer, estas adelgazando demasiado, te tendré que llevar al médico si sigues así.-Dijo mi madre, con un tono suave y delicado, característico de ella.
-Me has visto, Joanna? Soy una puta foca andante, y quieres que me meta más comida? Ya te dije que a partir de ahora iba a comer dos comidas al día.- Grito Sophie, como era previsto, siempre decía lo mismo cuando nuestra madre le hablaba sobre la comida. Y yo no la entendía, Sophie estaba cada vez más delgada, y le estaba afectando a su bonito cuerpo. Mujeres, suspiré.
-Ni se te ocurra hablar así a tu madre, y menos decir insultos delante de tus hermanos.- Joanna gritó, esta vez aún más de lo que era habitual, tanto que hizó que mi abuela se levantara de la cama con el pequeño Tyron en brazos para ver que ocurría. Finalmente nos montamos todos en el coche para ir al colegio. Mi madre conducía la furgoneta blanca que había usado mi padre en su trabajo antes de su muerte. A su lado se sentó Sophie, y atrás Ryan, Andrea y Jacob, por ese orden. Solo fueron diez minutos de viaje, pero se hicieron largos y tediosos. Joanna y Sophie no abrieron la boca en todo el camino, la Yaya Esther había logrado calmarlas un poco, pero no reconciliarlas. Y atrás, Andrea estudiaba para un examen de Matemáticas, mientras que Ryan dormía en el coche, como era normal en él. Volvió a mirar a Andrea. Era una chica de ocho años, y hermana gemela de Jacob. Era la única rubia de la familia, llevaba dos trenzas detrás de las orejas perfectamente hechas, y un mechón rosa en la parte izquierda que le llegaba más allá de la oreja. Sus ojos eran verdes, y tenía los rasgos faciales de una niña. Era delgada, pero no tanto como su hermana, y era más alta que Jacob y Ryan. Se fijó en el libro que reposaba sobre sus piernas. Era el libro de matemáticas, y supuso que habría examen. <<Podría preguntarle, pero si lo pregunto madre podría oírme, y entonces me castigaría por no saber si había examen>> pensó. Así pues, decidió quedarse callado, escuchando con especial interés la radio. Hasta ahora solamente habían hablado de deportes y del tiempo, pero algo me llamó la atención.
-Última hora, noticias desde el Bosque de Míchigan. Tras tres días de búsqueda, parece ser que se ha encontrado por fin el cuerpo de uno de los dos desaparecidos. Pese a todo, aún se desconoce de que individuo se trata el cuerpo, que se ha encontrado mutilado y ensangrentado, sin dejar ningún rastro de quien fue en el pasado. Pese que aún no se ha podido confirmar, todo indica que una jauría de lobos salvajes acecha en los bosques, estos atacan en manadas a la víctima y les comen vivos, hasta dejar poco más que los huesos teñidos de sangre. Les aconsejamos que no vayan al bosque. Y ahora seguiremos con los deportes.
Al cabo de dos minutos, el coche se paro delante de nuestra escuela.
-Portaros bien, chicos, y tened un buen día.-Dijo nuestra madre, antes de arrancar el coche, con un tono serio y seco. Aún seguiría enfadada, pensó Jacob. Los tres empezaron a caminar al unísono, y llegamos al colegio.

Spoiler: Show
Pues esto es todo amigos! Hemos vivido un capítulo corto, si, pero lleno de neuvas caras, por eso he pensado que será mejor cortarlo aquí y no seguir metiendo más cosas. Si alguien se ha llegado a perder con la família, os dejo u pequeño resumen aquí a bajo, como índice, ya que esta família será una de las partes más importantes de la novela.

Esther Ford 75 años, madre de Joanna.
John Meyer Muerto hace dos años, 40 años, esposo de Joanna.
Joanna Ford Viuda, de 35 años
Sophie Ford 14 años, primera hija de Joanna.
Jacob Meyer 8 años, primer hijo del matrimonio Joanna-John
Andrea Meyer 8 años, Gemela de Jacob.
Ryan Meyer 4 años, tercera hijo.
Tyson Meyer 2 años, ultimo hijo del matrimonio.


Gracias por leer, deseo que cualquier cosa que tengais que decir lo transformeis en un comentario, será respondido con toda mi buena voluntad.
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Re: Melodia de Tiempos Olvidados.

Notapor beovide » Lun, 23 Sep 2013, 20:49

Joanna

Joanna nunca le había gustado su hija, Sophie.
Se odiaba por eso, pero nunca había amado a esa niña de ojos verdes y pelo rojizo. Cada rasgo de Sophie le recordaba a su padre, aquel hombre que le había destrozado la vida, aquel hombre que la había dejado preñada y se había ido sin decir palabra. No pasaba una noche en la que Joanna no rezará a los dioses por que se llevaran a ese hombre de sus pesadillas, y de paso a su hija, pero catorce años después seguía allí. No quería odiar a Sophie por ello, la culpa fue suya por acostarse con aquel hombre, y ella solo era el fruto de aquel amor prohibido, pero sus ojos, su pelo, sus labios...todo le recorda a él.
Con Jacob y los demás era diferente. Eran los hijos de su amado esposo, y les amaba tanto o más que a ella misma. Aún recordaba como si fuera ayer el día que conoció a John, ella había ido al hospital a una revisión anual, y aquel hombre robusto, de pelo oscuro y de ojos brillantes era su nuevo doctor de cabecera. Recordaba los cosquilleos en la barriga de cuando tuvo que desnudarse frente a él ese mismo día, y de cuando este le invitó a cenar. Recordaba la primera vez y la última por igual, de cuando lo presento a su madre y a su pequeña Sophie. Su primer beso y sus primeros hijos, aquel niño regordete de pelo rojizo de nombre Jacob y aquella niña rubia de ojos brillantes, que se llamó Andrea. Recordaba sus primeros años con los niños, y de sus primeras palabras. También recordaba la muerte de su padre el mismo día que ella se casó con John, y de la llegada de Sophie a su casa, que hasta entonces vivía con sus abuelos. Esas cosquillas cuando se entero que volvería a ser madre y de cuando parió a Ryan, y más tarde a Tyron. Añoraba sentir los brazos fuertes de John, sus cálidos besos por las mañanas y el rozar de su piel por las noches entre las sábanas. Daría tanto por volverle a tener entre sus manos...
Habían pasado ya dos años, pero seguía añorándolo tanto como el primer día que durmió sin su compañía. Había perdido la belleza que le había acompañado toda su vida pese la edad, y había dejado de disfrutar la vida más allá de sus hijos. La llegada de su madre Esther, la había ayudado a volver a ser la Joanna de siempre, cuidaba de Tyron mejor que ella misma, y se llevaba demasiado bien con Sophie, que se había convertido en un verdadero problema al llegar a cierta edad. Parecía que todo mejoraba, pero no más lejos de la realidad, su madre se rompió el fémur en una mala caída que la dejo en silla de ruedas, siendo más un problema que una ayuda en la casa. Pero no podía echarla, era su madre, y era todo lo que la ligaba aquella dulce niñez que tanto añoraba por las noches cuando se metía en su cama antes de dormir. Soñaba con que volvía al campo y dejaba atrás los edificios, el humo y el ruido, que no le había traido más que problemas. <<-Vayamos a la ciudad, Joanna, nuestra vida será más fácil, seguro.>> Decía John siempre, y cuando finalmente se mudaron del campo a la ciudad, empezaron a ocurrir todas las desgracias que hasta ahora les habían acompañado.

Cuando dejo a Sophie en su instituto puso rumbo al hospital de Detroit. Como cada año, Joanna se preparaba para una revision sin mayor importancia. Aparcó el coche en la misma entrada del gran edificio blanco y entro dentro. El famoso hospital era el más grande de la ciudad y uno de los más importantes del estado de Míchigan. Contaba con un gran edificio principal de diez plantas y luego otros cuatro edificios más secundarios de las mismas plantas cada uno. Era tan grande que no sabría decir para que sirviera cada planta ni cada edificio, pero día y noche estaban todos completos, y siempre habías que esperar media hora o menos para que te atendieran. Joanna recordaba hacía cuatro años, antes de la muerte de John, que estuvieron esperando una hora junto a su hijo Ryan, que había sufrido un ataque de asma.

Y como era de esperar, la gran sala de espera estaba completa de gente. Pasó la mirada por la sala, calculó que podrían caber unas 100 personas sentadas, pero el triple de pie. Los asientos los ocupaban abuelos y los niños, que casi en su totalidad jugaban a la consola como su hijo Jacob, mientras que los padres, en mayor medida mujeres, descansaban al lado de sus hijos apoyadas en las paredes por el poco sitio que se encontraba a estas horas en el hospital.
Tras una larga media hora en la cola, de pie, esperando a que la atendieran, consiguió hablar con la recepcionista, una chica de no más de veinte años, con el pelo recogido en una cola bien hecha, que recogía su pelo negro como el carbón. Tenía los ojos también negros y los rasgo finos de la cara. Según le contaba la joven recepcionista, el médico de cabecera estaba enfermo y no había ido a trabajar esta mañana, por lo cual, a Joanna le tocaba la visita con uno totalmente desconocido.
La idea molesto un poco a Joanna, ella nunca había tenido problema con los cambios, pero en los últimos años le molestaba no tenerlo todo bajo control. <<¿Que había sido de la mujer alegre e impredecible que había encandilado a John?¿Que diría él si me viera así?
Sin ti no soy nadie, John.>>

Las palabras eran cada vez más duras en la mente de Joanna, y con un paso ligero pero triste, sin ritmo alguno, puso rumbo hacía el edificio más pequeño de los cinco que componían el inmenso hospital. Por el camino, Joanna intentó buscar una función a cada uno de ellos, pero se le hacía imposible.<<Uno para las visitas y para las estancias cortas, ese otro para las estancias más largas, aquel de allá para la gente con problema psicológicos…pero esos dos?>> Buscó con la mirada algún letrero que indicará algo de los dos edificios que se encontraban más atrasados que el resto.<<De hecho, ni si quiera hay gente dentro de ellos, solo entran doctores y más doctores.>>Finalmente se dio por vencida y siguió su camino. Pese que estaba relativamente cerca, el camino era pedregoso y a Joanna le costaba caminar con los tacones, lo que la condicionó bastante, pero finalmente logró llegar a la puerta del edificio que se encontraba más escorado del resto. Pese a ser pequeño, el edificio contaba con diez plantas, y era redondo, a diferencia de los demás. Las paredes del edificio eran de cristal, y las ventanas amplias y con las mejores vistas que puede tener un hospital. La puerta era giratoria, eso le hizo recordar a su hijo Jacob al momento, seguro que le encantaría entrar por una. Conectado al gran edificio redondo salía un parking alargado que daba entrada a las ambulancias que llegaban. Justamente, en ese momento, una ambulancia aparcó dentro del parking, y de las puertas traseras, dos hombres vestidos de amarillo sacaron a un tercero, este estirado en la camilla. El hombre en cuestión no tendría más edad que Joanna, pero el pelo se le caía a la camilla y los ojos los tenía rojos, estaba atado a la camilla y tenía el torso desnudo, dejando ver la piel oscura llena de cicatrices y de sangre, que ocupaban además del torso toda la cara y las manos. Gritaba y gemía mientras los dos hombres vestidos de amarillo intentaban mover la camilla para dentro, mientras que la gente poco a poco se iba acercando a la escena, y cuando quiso darse cuenta, Joanna no era la única mirando el horroroso espectáculo que había pasado delante suyo.
-¿Habrá sido una accidente? O quizás un ataque epiléptico.-Dijo una voz ronca llena de miedo y desesperación.-Que estaría intentando decir el pobre hombre?
-¿Pues que va a decir? Nada. Estaría gritando de dolor, y cuando uno grita de dolor no dice nada. ¿No le has visto el pecho? Estaba lleno de cicatrices.-Finalizó una voz más tranquila y suave que la anterior, seguramente de un hombre.
Al poco rato, la gente volvió a dispersarse de la misma forma que se había reunido, dejando a Joanna sola otra vez frente al edificio del hospital.
Entró por la puerta giratoria y caminó en largo camino hasta donde se encontraban los ascensores. Joanna logró contar seis, de los cuales solo eran cuatro para las visitas. Junto a ella esperaban tres personas más. A su izquierda un hombre de piel oscura, de unos cincuenta años de edad, esvelto y con una melena negra que le llegaba hasta los hombros, deslumbrante y ondulada. Los ojos los tenía tapados por unas gafas de sol también negras, y tenía los rasgos faciales bien marcados, con una nariz respingona y unos labios espesos y rojizos. Los dientes los tenía blancos y algo torcidos, pero cuando sonreía no se le notaba a penas. Vestía traje negro con corbata azul a rayas, acorde con su pantalón, y llevaba un buen reloj en la muñeca. A su lado otro hombre, este más pequeño que el anterior, de unos treinta años, de piel blanca y de ojos azules. Tenía la cabeza calva como la barbilla, en su cabeza redonda no había pelo más allá de las cejas y las pestañas. Estaba excesivamente musculado, tanto que la camiseta blanca de cuello abierto parecía que se iba a romper. A la derecha de Joanna, un chico menudo, de unos veinte años. Tenía el pelo marrón peinado hacía adelante, dejándole el mentón cubierto por el pelo, casí llegando a los ojos negros que estaban cubiertos por unas grandes gafas azules. Las cejas las tenía casi unidas y un vello rubio se le posaba encima del labio superior, en forma de bigote. Llevaba una camiseta a rayas blancas y rojas, metidas en el interior del pantalón tejano que comenzaba cerca del ombligo. Su aspecto no era lo único malo, peor era su olor corporal y sus dientes torcidos y amarillentos.
Los dos de la izquierda reían a carcajada limpia a la vez que miraban al chico de las gafas, este bajo la mirada avergonzado.
Por fin se abrió un ascensor, el de la derecha del todo. El primero en entrar fue el chico de gafas, y Joanna se dirigió a este, pero se detuvo al escuchar una voz.
-Oye muñeca, si no quieres morirte ahogada en el sudor del friki este no te metas hay dentro.-Dijo el musculoso hombre blanco, riendo, mientras que el de su lado esbozaba una ligera sonrisa. Joanna giró la cabeza y volvió a mirar al chico de gafas, que parecía aún más avergonzado que antes. <<¿Es que se va quedar hay callado?>>La sola idea le molestaba, odiaba a la gente que no reaccionaba frente a nada, eso no había cambiado en ella.
Finalmente el ascensor empezó a cerrarse y finalmente Joanna entró en él, sin importarle lo que dijeran los otros dos. Había aprendido a preocuparse por lo que ella pensaba de si misma, y no los demás, aunque sinceramente, el olor era inaguantable, y a punto estuvo Joanna de salir del ascensor antes de llegar a su planta. Para su suerte, el joven de gafas se marchó del ascensor en la tercera planta. Joanna se juró que no volvería a entrar a un ascensor con alguien así. No le molestaba su aspecto ni su ropa, ni si quiera su manera de mirar a la gente que se burlaba de él. Lo que le molestaba era su olor, que había producido arcadas y mareos a Joanna en el corto trayecto del ascensor. La planta donde se marcho el chico estaba a rebosar, llena de gente y gritos. Por un momento, estuvo a punto de salir junto al joven a ver que pasaba, pero las puertas se volvieron a cerrar antes de que ella pudiera poner un pie fuera. Pese a todo, el olor seguía presente, pero el ascenso no se le hizo tan agobiante como al principio. <<Quizás me he acostumbrado al olor.>> pensó, justo antes de que el ascensor volviera a pararse, esta vez dos plantas más arriba de donde había dejado al chico con gafas. Por un momento la sola idea de volverse a encontrar con el mismo chico la hizo entrarle arcadas al momento, pero para su suerte, el hombre que entro no olía precisamente a sudor y rufles al jamón. El olor a rosas invadió al instante todo el ascensor, y por un momento Joanna estuvo entre darle un beso o abrazarle como jamás había hecho nadie. Luego retrocedió al ver que no era precisamente un hombre joven el de olor a rosas, sino más bien un señor que podría ser su padre. Tenía barba de dos días, blanca como la nieve, a juego con los pocos pelos que le quedaban en la cabeza. Los ojos eran negros y tenía la nariz grande y redonda como una patata. Caminaba lentamente, cojeando del pie diestro y vestía un gran camisón blanco con una mancha marrón en el centro, por lo que supuso que sería un paciente y no una simple visita. Lo que más llamó la atención de Joanna fue la estatura del hombre, casi dos metros de altura. Las arrugas y el color leche cortada de la piel dejaban alguna duda, pero Joanna supo al momento que se trataba de un hombre que en su juventud gozó de gran belleza.
-Buenos días.-Dijo el hombre, que se apoyo con dificultad en frente de Joanna. Por un momento espero a que el hombre mayor pulsara algún botón, pero luego entendió que se dirigían al mismo piso. Joanna le respondió y volvió a reinar el silencio, antes de que las puertas volvieran a empezar a cerrarse. Desde que el ascensor había parado en aquella planta sus pensamientos la habían llevado a otro mundo, y las palabras del hombre la habían vuelto a tierra. Y cuando se quiso dar cuenta, estaba en un mar de gritos y gemidos. El miedo entro en el cuerpo de Joanna y por unos instantes recordó aquel hombre que había visto en la entrada al hospital, sus gritos, su mirada llena de odio y sangre, las cicatrices en su torso desnudo, el color de piel marron… ¿Sería él quien estaba montando tanto jaleo? O quizás había más heridos como él…la sola idea le revolvió las tripas.
Y cuando por fin las puertas fueron a cerrarse, algo entro en el ascensor. El cuerpo entró con fuerza y velocidad, justo cuando las dos puertas estaban a punto de juntarse, golpeando a Joanna y tirándola al suelo, pero no fue la única que se tambaleó. El ascensor empezó a moverse hacía abajo y la luz se fundió por el impacto. En unos segundos el ascensor volvió a frenarse, pero esta vez no abrió las puertas.
Intentó levantarse cuando se dio cuenta de que tenía algo encima.
-¿Una silla de ruedas?-Dijo sin dar crédito a lo que había sucedido. Miró de nuevo la escena. Encima de ella estaba una silla de ruedas, que casi no la dejaba ponerse en pie. A su derecha un niño de la edad de Jacob se encontraba estirado en el suelo gimiendo del golpe que había recibido en el impacto. Frente suyo, el hombre mayor respiraba con dificultad, apoyando su espalda en la pared y con las rodillas en el suelo. Parecía que se iba a caer, pero con los segundos volvió a levantarse.
-¿Estáis todos bien?-Dijo una voz ronca y seca, Joanna dedujo que se trataba del hombre. Ella asistió y el chico se puso en pie para seguir el ejemplo de Joanna.
-Bien. Chico, ayúdame a levantar la silla.-Dijo mirando a la pelirroja antes de poner las manos en una de las ruedas de la silla. El chico cogió la silla por el manillar y entre los dos consiguieron levantarla y darle la vuelta. Por fin, Joanna pudo levantarse.
- Y ahora me dirás que has hecho, pequeño.-Volvió hablar el mismo hombre, con tono amigable, si estaba enfadado, lo ocultaba extremadamente bien.
- Perdón señor, y perdóneme señorita.-Dijo el niño con voz débil y frágil, hablaba como si intentará que no le escucháramos. La semejanza con Jacob era importante. Tenía el mismo pelo y los mismos ojos. Este era algo más delgado y no llevaba gafas, pero pro unos instantes llegó a confundirlo con su hijo.-No fue mi intención golpearla. Los ascensores en este hospital son un poco lentos.-Rió nerviosamente.-Y si no pillaba este me quedaría sin desayuno.-Volvió a sonreír, dejando ver su sonrisa blanca. Realmente era un niño muy bello.-Pero perdí el control de la silla y me estrelle contra vosotros.-Espero unos instantes antes de continuar, pensando lo que decir.-Soy Daven, encantado.
-Tranquilo, joven Daven, yo soy muy viejo, pero nunca me pierdo mi desayuno, puedes estar tranquilo, al menos por mi parte no hay problema. Soy Harry.
-Chicos, esta muy bien que se presenten y tal, no quiero cortaros el rollo, pero si no os habeis dado cuenta, llevamos cinco minutos quietos, ni subimos ni bajamos, algo le ha pasado al ascensor pero estamos quietos.-No quería cortarles el rollo, pero no quería seguir encerrada más tiempo en ese ascensor. Deseaba que se terminara ya –Con el golpe el ascensor empezó a mover a caer, y ahora no va ningún botón.-Indicó marcando continuamente el botón de las puertas.-Estamso encerrados.
-Tranquila, solo tenemos que esperar.

Y así se hizo. La primera media hora pasó rápido, contaban chistes y historias del pasado, sobretodo el viejo Harry.

-Una vez, cuando era joven, tenía trece años…no, diez años o menos, no me acuerdo, jajaja. Bueno el caso es que me quedé escondido en casa de un amigo mío, Willlian, o era Deivid.-El abuelo hizo una pausa y continuó.-Buena, el caso es que me quedé escondido en casa de mi amigo, durante toda la noche!-Exclamó.-Mis padres estuvieron buscándome toda la tarde, y no sabían que estaba en mi propia casa.-Finalizó. El chico y yo nos miramos confusos.-Perdone, Harry, pero no decías que estabas en casa de William o Deivid?-Pregunto el chico, intrigado.
-Cuando he dicho yo eso? –Dijo el abuelo sorprendido. Parecía que no recordaba lo que acabada de decir. Daven y Joanna se miraron confusos.
<<Ya se porque esta hospitalizado, tiene Alzeimer.>>Comprendió al tiempo que se puso de pie. Puso una oreja en la puerta para haber si escuchaba algo, pero todo estaba en silencio, sin muestras de vida. El único momento que habían escuchado algo había sido minutos después de quedarse parados. Escucharon gritos y gemidos, pero prefirieron esperar.
<<-Si algo malo esta pasando allí fuera, estamos mejor aquí dentro, quedaos quietos y no hagáis ruido.-Dijo el abuelo con tono serio.
-Crees que puede estar pasando algo malo en el hospital? Hoy mis padres habían venido a verme.-Dijo preocupado el chico de la silla de ruedas.
-Tranquilo, seguro que ha fallecido alguien y su familia ha montado jaleo, pronto dejaremos de escuchar gritos.>>

Y así fue. El silenció invadió el hospital horas. Después de la historia de Harry no habían hablado durante horas. La espera se estaba haciendo larga y duradera.<<Tengo que llamar a mi madre, llegaré tarde a casa, tendrá que encargarse ella de dar de comer a los niños.>>Pensó mientras pulsaba los botones del móvil para llamar.

-Mierda. No tengo cobertura.
-Tenemos que salir de aquí, estoy harto de este ascensor.-Dijo Daven, y se puso de pie. Pese llevar silla de ruedas, podía moverse con total libertad sin ella, y se puso en frente de las puertas. Colocó las manos donde estas se juntaban y intentó abrirlas.
-Estas loco pequeño? Alo mejor si abres las puertas vuelve a moverse el ascensor y entonces podemos despedirnos de salir hasta mañana.-Espetó el abuelo.
-No, debemos de intentarlo. Si seguimos así no saldremos nunca, no señor. Hay que salir de aquí.-Joanna puso las manos donde Daven y empezó a hacer fuerza. El esfuerzo parecía inútil, una mujer y un niño no podían abrir las puertas, pero con la ayuda posterior de Harry lograron abrir las puertas.

Joanna cayó del esfuerzo al suelo, y por fin vieron más allá de las puertas metálicas del ascensor. Daven se sentó en su silla de ruedas y empezó a deslizar sus manos por als ruedas y salió del ascensor. Le siguió Harry, con un paso lento y forzado. Finalmente Joanna salio y puso los pies fuera del ascensor. El escenario era cuanto menos acogedor. Las paredes estaban cubiertas de sangre, como el suelo, y no había ningún hombre en la zona.

-Estamos en la tercera planta.-Informó Devan.-He estado aquí muchas veces, esta es la tercera planta, estoy seguro. Fijaos.-Dijo señalando un cartell.-Pone que estamos en la tercera planta…pero donde esta la gente?
-Desde luego, aquí no.-Confirmó Harry.-Separémonos, a ver si encontramos algún doctor o conserje, quizás están comiendo.
-No creo.-Indicó el reloj que llevaba en su muñeca.-Son las doce de la mañana, llevamos dentro de esa mierda tres horas. Algo ha pasado durante ese momento.-En ese momento, Joanna recordó todo. Recordó el paciente que gritaba y gemía, y los mismos gritos luego en el ascensor, cuando ya estaban encerrados. Empezó a temblar.-Tengo que llamar a mis hijos! Tengo que asegurarme de que estén bien, lo necesito, mi Ryan, mi Jacob, mi dulce Andrea…
-Relájate, Joanna.-Dijo Devan poniendo su mano sobre su hombro.-Seguro que esto no es nada, habrá habido algún incendio en el hospital o habrá alguien suelto en el hospital, pero no tiene que pasar nada más allá del hospital.
-Chicos, venid a ver esto.-Dijo Harry, con un tono seco y serio, frente una ventana a mano izquierda del ascensor.-Creo que esto es más grave de lo que esperaba.

Joanna se colocó en la ventana acompañado por Daven, y miró más allá del hospital.
Calló al suelo y se puso a llorar.

Spoiler: Show
Perdón pro la demora, pero ya teneis el segundo capítulo de 'El Aullar del Lobo''. Conocemos un poco más a la madre de los Ford y sobretodo, encontramos por fin un walker!

Disfrutenlo!
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