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Apocalypse Please

NotaPublicado: Jue, 26 Abr 2012, 16:00
por Phuen8
Lo primero que quiero aclarar es que el título es provisional, puesto que tenía que poner uno y aún no tengo claro cuál será.
Lo segundo es que llevo una semana diseñando mi fan fic y he escrito tres partes por ahora, pero voy a continuar escribiéndolo. En el caso de que no pueda compaginarlo con mis estudios (puesto que me paso más tiempo escribiendo que estudiando) avisaré por aquí.
Lo tercero es que está basado en The Walking Dead, pero he introducido nuevos personajes, he cambiado ciertos aspectos de los anteriores y el desarrollo es distinto, pero está inspirado en la serie ;)
Lo cuarto (y último) es que espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo al escribirlo. :roll:


1

Las migrañas me tumban. Necesito tomar varias pastillas, colocarme mis tapones y mi antifaz y aislarme totalmente en casa. A veces puedo incluso pasar 24 horas seguidas durmiendo. Justo como aquel día.

El día anterior, martes, al salir de mi consulta, me encontré mal. No sé si llamarlo intuición femenina, premonición… el caso es que mi estado de ánimo no remontaba después de todos los acontecimientos que se habían dado en mi vida el último año y la migraña parecía querer poner la guinda, ya que la cabeza me ardía por completo. Me debatí entre ir a casa a encerrarme sola o ir a casa de mi madre, que seguramente agradecería tener algo de compañía un día de lluvia como aquel.

De camino a su casa pasé por la farmacia para coger mi medicación y por una floristería. Mi madre adora las orquídeas lilas, son sus favoritas, de modo que decidí alegrarle el poco día que quedaba aunque fuese de esa manera. Mi padre siempre lo hacía, y ahora sentía que en esos pequeños detalles podía ayudar a que él siguiera presente en nuestra vida.
El caso es que el miércoles, al despertar, sobre las 4 de la tarde, me levanté de un salto del sofá. Me encontraba como una rosa, aunque el ruido de la tv me había provocado alguna que otra pesadilla, entre las ambulancias, los gritos de horror… mi madre debió dejársela puesta al irse a trabajar.

Me hice un café, comí unas tortitas que mi madre había dejado hechas en la mesa de la cocina (lo cual me extrañó, puesto que nunca dejaba nada por medio y mucho menos hasta esas horas), pero deduje que las había hecho para mí. Decidí que después de “comer” me pasaría por la consulta para coger unos archivadores y luego iría a comprar la comida favorita de mi madre y se la llevaría para cenar por haber “cuidado” de mí.



Al salir de casa el aire tenía una densidad extraña. El ambiente era diferente, las calles estaban desiertas pese a ser hora punta. Si a eso le sumamos que vivo en una gran ciudad, la sorpresa es más que evidente. El caso es que ese día supe, desde que pisé la calle, que no iba a ser un día normal. Había coches atravesados en mitad de la avenida, con cristales rotos, al igual que muchas ventanas de los primeros pisos, algo que no podía explicarme. Veía a dos personas al final de la calle. Las observé detenidamente hasta que me percaté de que una mujer yacía entre dos coches, con la cara ensangrentada. Corrí hasta ella para socorrerle, pero cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que tenía hasta el último de sus intestinos esparcidos por el suelo. No supe cómo reaccionar. Reprimí un grito al ver que las dos personas que había al final de la calle se acercaban a nosotras.

MEGANE: ¡¡Ayuda, por favor!! ¡¡Ayuda!! ¡Esta mujer necesita ayuda!- les grité para que se apresuraran.
Me acerqué a la mujer para notar si tenía pulso, pero era más que evidente que su último suspiro había tenido lugar hace ya mucho rato a juzgar por el olor que desprendía.

Saqué corriendo mi móvil para llamar a urgencias. Me extrañaba mucho que nadie lo hubiera hecho ya, pero la realidad era que esa pobre mujer estaba sola y necesitaba ayuda, aunque poco se podía hacer ya…

Oí de fondo que se acercaban por fin aquellos dos individuos para socorrernos, cuando les vi por primera vez. No sé si fue por su forma de andar, el aspecto de su piel o la apariencia de sus ropas. Puede que fuese el hedor, sus suspiros desgarrados pero débiles o la intensidad con la que se acercaban a mí como si alguien tirara de ellos. Normalmente, en las películas, les hubiese puesto fácilmente una etiqueta, pero aceptar que estás ante un zombie no es fácil. Nada fácil.

_______________________________________________________________________________________________________

Mi mente iba más rápida que mis piernas, aunque corrí lo más deprisa que pude. Conforme corría veía a mi alrededor coches pasar derrapando, incendios en edificios, trozos mutilados de personas y, por supuesto, zombies. Reinaba el caos en la ciudad, esa ya no era mi ciudad, era el infierno. Quise detenerme ante algún coche e intentar arrancarlo, pero ni había llaves, ni sabía hacer un puente ni dejaban de acercarse esos monstruos, de modo que opté por intentar llegar a mi casa, aún estando al otro lado de la ciudad.

Debo admitir que, aunque estaba teniendo suerte, mis esperanzas de llegar con vida al final del día eran nulas. A todo lo anterior tengo que añadir la pérdida de mi bolso y todo lo que ello conlleva: las llaves de mi coche (del cual me encontraba ya a unos 5km), mi cartera (aunque dudo mucho que eso me ayudara ahora) y las llaves de mi casa (posiblemente la única cosa que podría ayudarme ahora). De todos modos, decidí continuar hasta mi edificio y, si hacía falta, tirar la puerta abajo, ya vería después que podría hacer para refugiarme, pero necesitaba la pistola que había dejado mi ex-marido. Al final iba a descubrir en pleno fin del mundo que 5 años de matrimonio habían servido para algo (concretamente, para sobrevivir).

Cuando pensé que ya nada podría sorprenderme, vi cómo cogieron a una mujer que me pedía ayuda. Sólo me dio tiempo a ver cómo le mordían el brazo, pero fue suficiente. Cuánto más me acercaba a mi casa más escenas como esa tuve que ver: niños, ancianos, mujeres, hombres… Incluso presencié cómo un hombre de unos 40 años se disparó en la cabeza al ver que dos zombies se abalanzaban sobre él.

Frente a este panorama decidí usar una y mil tácticas para aumentar mi motivación y mantener la mente fría. Corrí. Corrí cuanto pude, aferrándome a la vida como nunca, puesto que en ese momento era un bien muy preciado (esperaba que sólo en el estado de Georgia, pero dado que los zombies habían invadido la Tierra, no sería yo quién pensara en lo posible o imposible).



Sólo estaba a tres manzanas. Sólo. Entré a un portal que estaba entreabierto con mucho cuidado. Mis zapatos estaban desgarrados por completo, necesitaba cambiarlos, no quería pisar ninguna de esas cosas porque sinceramente no sabía si me podría contagiar y, además, no sabía cuánto tiempo más tendría que correr una vez cogiese mi arma. Vi una casa abierta, de modo que entré de puntillas. Contuve el aliento hasta que encontré a una chica muerta sobre la alfombra del salón. Me maldije por tener que hacerlo, pero le quité sus zapatillas deportivas y me las puse rápidamente. Entonces aproveché el momento y busqué por los cajones y los armarios algún arma o algo que pudiera ayudarme, cuando por el rabillo del ojo vi como la chica de la alfombra, ahora descalza, se levantaba. Me giré hacia ella por instinto y, ella, supongo que por el mismo motivo, se giró hacia mí con una rapidez que me asombró. Pensé rápido. Si ella me impedía llegar hasta la puerta principal debía esconderme en otro lugar, dentro de la misma casa. Pero, ¿dónde? Miré a mí alrededor y vi el cuarto de baño. Corrí hasta él y cerré la puerta de golpe.

Vi cómo golpeaba la puerta repetidamente y sin pensarlo saqué la barra de la ducha y la partí en dos. Decidí aguantar hasta que el zombie consiguiera entrar, pero por la ventana del aseo observé que ya casi estaba anocheciendo, por lo que no tenía mucho tiempo para encontrar un lugar seguro en el que pasar la noche.

Abrí la puerta de golpe y le di una patada en el estómago. Cayó al suelo y aproveché para coger la barra y atacarle, pero el zombie fue más rápido y me agarró el pie derecho. Justo cuando iba a morderlo le di con la barra en la cabeza, sólo consiguiendo que se aturdiera un poco. No lo dudé un segundo. Clavé la barra una y otra vez en su cabeza. La reventé por completo. Era la primera vez que lo hacía, aunque las vistas en las prácticas en medicina no se diferenciaban mucho de aquello.

Cogí la otra mitad de la barra y salí corriendo. Quedarían poco más de 10 minutos para anochecer y las luces de la ciudad no funcionaban.

Salí corriendo sin pensarlo, con mi objetivo claro: mi Star 9mm Parabellum. No tuve mucho problema para llegar a mi casa. El problema me esperaba en ella. Estaba infestada de zombies, de modo que, con unas ganas horribles de llorar y gritar, di la vuelta lo más discretamente posible. Salí corriendo del edificio, pero fuera me esperaba una docena de ellos. Sólo me quedaban dos salidas: seguir por la avenida, hacia la izquierda, que justo conducía al cementerio, o entrar en el bosque. No sabía cuál de las dos opciones me acojonaba más, pero tenía que tomar una decisión rápida y, sinceramente, prefiero centenares de árboles a centenares de zombies.

_________________________________________________________________________________________________

Lo único que recuerdo ya es correr sin mirar atrás durante un par de horas, quizás tres. Serían aproximadamente las 10 de la noche. Correr esquivando árboles, zombies. Correr para intentar salvar mi vida. Correr sin saber hacia dónde, pero correr. Luego recuerdo que llegué sin aliento a una zona más rural, con solares enormes, cabañas de madera, establos, etc. Lo bueno era que si había algún zombie por la zona lo vería fácilmente y podría huir de él. Lo malo es que yo también sería más visible para ellos, sería una caza fácil. Pero yo seguí corriendo, hasta que miré hacia atrás y vi que ninguno de ellos me seguía. Me coloqué de rodillas un momento, intentando inhalar lo máximo posible de oxígeno, pero el cuerpo me temblaba, no podía levantarme. Me sentí anclada al suelo. ¿Acaso estaba soñando?

Mi último recuerdo, aunque vago y breve, fue impactante. Oí unos pasos no muy lejos y, antes de reaccionar, escuché un disparo y noté su efecto en mi brazo derecho al instante. A pesar del río de sangre que empezó a resbalar por mi antebrazo, un hombre, deduzco que el causante de mi hemorragia, me recogió en brazos. Dónde me llevó, hasta ahora mismo que acabo de despertar, es un misterio.

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Lun, 30 Abr 2012, 20:44
por AndreaHunter
:shock: :o Impactante! Cuando mas? :D

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Mié, 02 May 2012, 17:51
por Phuen8
Muchas gracias Andrea por leerlo!! Tengo escritas ya 7 partes, pero no sabía si alguien lo leería, iré subiendo poco a poco :D


2


Lo primero que vi al despertar fue una habitación menuda y cálida, en tonos rojizos. Excepto por una pequeña vela que había encendida encima de la mesilla (justo a mi izquierda), todo el resto de la habitación se encontraba en penumbra, ya que la puerta estaba cerrada y la ventana totalmente bloqueada con las persianas y las cortinas, éstas últimas de un agradable color naranja. El suelo estaba parcialmente cubierto por una alfombra rectangular, que se extendía desde el ecuador de la habitación hasta debajo de la cama. Dos cuadros diminutos colgaban de las paredes y un gran armario, que se encontraba junto a la puerta, estaba parcialmente abierto y dejaba entrever una gran multitud de prendas de ropa revueltas.

Yo me encontraba cubierta por una manta enorme y rodeada por una fina sábana. Decidí levantarlas para ver cómo estaba mi brazo. Lo cubría una venda y me dolía sin ni siquiera intentar moverlo. ¿Qué clase de idiota gastaría una bala para herir a un humano? Aunque sentía punzadas enormes de dolor, decidí levantarme para buscar a la persona que me había disparado, aunque gracias a ello me hubiese salvado la vida.

Me costó sentarme en la cama, pero al final lo conseguí. Junto a mis pies desnudos descubrí un marco de fotos del revés. Con gran curiosidad lo cogí y le di la vuelta, intentando no cortarme con sus cristales. Era la típica foto familiar: un matrimonio que rondaba la treintena y sus hijos, un chico y una chica, ambos menores de 5 años. Me pregunté si había sido el padre quien me había disparado y si estarían todos a salvo.

Me levanté con sumo cuidado y cierto mareo y caminé despacio hacia la puerta. Cuando la abrí al otro lado se encontraba él, con un vaso de agua en la mano. No se correspondía con la foto, pero por su mirada deduje que había sido él quien me había disparado.

La primera impresión que tuve fue extraña, aunque agradable. A pesar de su fortaleza física y su atractivo, sus ojos escondían un profundo dolor. Era un hombre blanco de unos 30 años, moreno de piel y cabello (lucía media melena y una perilla que le daba cierto toque juvenil) y medía aproximadamente 1’85 cm. Vestía una camiseta de tirantes blanca, una camisa de cuadros abierta, unos vaqueros desgastados y unas deportivas negras.

ERIC: ¿Estás bien? –dijo ofreciéndome el vaso.

MEGANE: Sólo si me aseguras que lo que he visto allí fuera solo es una pesadilla.-dije antes de beberme el vaso de agua de golpe y devolvérselo.

ERIC: Ya me gustaría poder decirte eso, pero esos caminantes no paran de vagar de un lado para otro. Por cierto, soy Eric.

MEGANE: Megane.- dije mientras le daba la mano- Gracias por curarme.

ERIC: No he sido yo, tienes que dárselas a Jacqui, ella es quien ha conseguido curarte, aunque por suerte la bala sólo te rozó el brazo y no fue muy profundo.

MEGANE: Y, ¿esa tal Jacqui es médico? ¿Sabe lo que hace?

ERIC: Todo lo que una cirujana puede saber sobre curas.

MEGANE: ¿Dónde está ella? ¿Cuándo vamos a irnos?- dije mientras salía de la habitación y examinaba la casa de un vistazo.

ERIC: Hey, un momento.- me tocó el brazo izquierdo y yo me giré hacia él- ¿A qué te refieres con que cuando nos vamos? ¿Crees que vas a volver a tu vida normal? ¿O que hay muchos lugares a salvo ahí fuera?

MEGANE: No lo sé, pero tengo familia, amigos… tengo que buscarlos y ponerlos a salvo.- dije intentando contener las lágrimas.

ERIC: Olvida lo que has vivido, olvídate de tus seres queridos, ya no están. Ahora sólo estamos los tres en esta cabaña. Somos tu única familia.

Noté una punzada de dolor en el estómago y millones de escalofríos recorriendo mi cuerpo, desde el cuello a la punta de los dedos. Eric me cogió al ver que me estaba empezando a marear y me ayudó a sentarme en un sillón que había cerca de la puerta de mi habitación. Él se sentó en el brazo del sillón, junto a mí.

ERIC: Debes ser fuerte, todos estamos asimilando la situación lo más rápido posible, como verás no podemos permitirnos un psicólogo ahora mismo.- dijo intentando quitarle peso a la situación, sin obtener resultados

MEGANE: Soy psicóloga y, que yo sepa, no hay ninguna asignatura que te enseñe cómo cojones sobrellevar el puto apocalipsis rodeado de esos jodidos zombies.- me levanté para seguir investigando por la casa.

Al llegar al salón vi varios pares de velas dispuestos estratégicamente. Pero lo que más me llamó la atención fueron los tablones de madera que cubrían cada una de las ventanas y la enorme estantería que tapaba lo que se supone que era la puerta principal de la casa.

MEGANE: ¿Tanta fuerza tienen?

ERIC: Más de lo que podrías imaginar- dijo cabizbajo, denotando cierta melancolía.

Continué con mi pequeña inspección. Libros tirados por el suelo, ropa infantil, juguetes, discos…

MEGANE: ¿Dónde están los dueños de la casa? ¿Los conocías?

ERIC: no… llegué aquí con Jacqui ayer por la tarde y… ya no estaban. Supongo que huyeron, o al menos eso espero.- dijo mirándome fijamente a los ojos.

Continué observando cada detalle de la casa, hasta que di con una pistola.

MEGANE: ¿Por qué tienes un arma? Y, ¿por qué me disparaste?

ERIC: La cogí de la casa de mi vecino y te disparé porque parecías uno de ellos.- Respondió tranquilamente. De pronto se levantó del sillón y se acercó a mí.- ¿Por qué me da la impresión de que me estás interrogando? Creo que en todo caso debería ser yo el que lo hiciera, al fin y al cabo aún no sé bien quién eres, o si te han mordido, y te he dejado entrar en la casa.

MEGANE: Me disparaste. Me lo debes- lo miré a los ojos de cerca pero en ellos vi la ausencia de maldad o suspicacia que pensaba encontrar- Lo siento, soy una desagradecida. Cuando he visto la pistola he recordado que tenía una en casa y no conseguí cogerla… no sé cómo me voy a defender cuando salgamos fuera.

ERIC: Y, ¿cómo es que una psicóloga tiene una pistola?

MEGANE: no es mía, es de mi ex-marido. Es policía… o lo era, y quería que siempre la tuviera en casa por si acaso… y ahora que llega la oportunidad de usarla no la tengo…

ERIC: Siento lo de tu ex-marido.

MEGANE: No te preocupes, ese cabrón seguro que sigue vivo en algún sitio. Y si no me da igual, la verdad.- me acerqué a Eric- ¿Tú estabas casado? ¿Jacqui es tu mujer?

ERIC: Estoy casado…- bajó la cabeza y se llevó las manos a la cabeza.

Se dio la vuelta y dio dos pasos hacia delante. Suspiró intensamente y yo contuve la respiración. Se giró de nuevo hacia mí, se acercó y miró a nuestro alrededor como si buscara la respuesta en algún lugar de la habitación. Presionó sus lagrimales como si eso fuera a cortar la corriente de emociones que le invadían.

ERIC: Le mordieron cuando intentábamos correr hasta el coche para escapar… intenté volver a por ella, pero no pude hacer nada.

MEGANE: Lo siento mucho… de verdad…- dije tocándole el hombro.- No sé qué decir…

JACQUI: Podrías empezar por elegir entre esta lata de albóndigas, ésta de fruta en conserva y ésta de legumbres y te agradecería que no fuera la primera.

_____________________________________________________________________________________________


De Jacqui me sorprendió su energía y vitalidad. Cuando irrumpió en el salón trajo con ella un halo de optimismo y esperanza que, sinceramente, necesitaba. Era una mujer de raza negra que rondaba los 45 años, bien vestida y con planta, pero con cierta ansiedad, aunque no era para menos. Llevaba el pelo corto y era de estatura media. No dejó de sonreír desde que entró por la puerta.

JACQUI: ¿Así que no has oído nada sobre lo que está ocurriendo?- me preguntó mientras cogía una cucharada de su bote.- ¿No tienes radio ni tv? ¿Nadie te llamó para avisarte?

MEGANE: Estaba totalmente aislada, ya os lo he dicho. No encendí la televisión ni la radio antes de salir a la calle y cuando fui a encender el móvil ya era demasiado tarde. Mi madre seguramente no pudo avisarme…- el rostro de mi madre cruzó por mi mente.- ¿Por qué se ha formado todo esto? ¿Al menos lo dijeron? ¿Cómo es que ha sido todo tan rápido?

JACQUI: Lo único que sabemos es que las autoridades están formando un gran campamento en Atlanta: asistencia sanitaria, camas, protección… No se sabe nada de los caminantes, sólo que si valoras en algo tu vida no dejes que te toquen y aún menos que te muerdan. Si eso te ocurre, estás fuera del juego.

Me levanté de la mesa y cogí la pistola de inmediato.

MEGANE: Y, ¿a qué estamos esperando para ir a Atlanta? Debemos ir cuanto antes.

ERIC: No es tan fácil. Está a 6 horas en coche y no hay retransmisiones por ningún medio. No sabemos cómo está.

MEGANE: Pues entonces mucho me temo que tendré que ir sola. ¿Jacqui?

JACQUI: Yo voy contigo, ahora ya nada que me ata a esta ciudad y con las provisiones que tenemos sólo conseguiremos aguantar 3 ó 4 días más.- se levantó de su silla y se giró hacia Eric- ¿Estás seguro de que quieres quedarte sólo?

ERIC: Eso es lo último que quiero ahora mismo, pero tenemos que pensarlo todo bien. No es tan fácil como coger el coche, llegar a Atlanta y que nos resuelvan la vida. Hay docenas en la puerta, esperando a que salgamos. ¿Qué pasa si nos quedamos sin gasolina a mitad del viaje? ¿Y si éstos hijos de puta han roto el coche? ¿Qué ocurre si nos perdemos en el camino o si el campamento se ha desplazado a otro lugar? Tenemos que pensar en todo eso. No es tan fácil.

MEGANE: Lo siento, pero posiblemente sea la única oportunidad que tengamos de salir de esto con vida y no me voy quedar encerrada en este sitio muriéndome del asco. – me di la vuelta para ir a buscar mis deportivas a mi habitación.

ERIC: ¡¡Está bien!! – se levantó de pronto y fue detrás de mí.- Saldremos de aquí los 3 juntos- Jacqui me sonrió.- pero será mañana por la mañana.

MEGANE: No tengo ningún inconveniente – dije mirando el reloj, que ya marcaba las 3 de la tarde.- Ya es demasiado tarde para ir a Atlanta.

JACQUI: En lo que queda de día vamos a recoger todo lo que podamos de esta casa y lo meteremos en las mochilas que trajimos Eric y yo y las de los niños – señaló un par de mochilas infantiles que habían apoyadas contra la pared, a la izquierda del televisor.- Hablamos de comida, botiquines, hachas, pistolas, etc. Salimos a las 8 de la mañana.

Dicho esto se dirigió a su habitación y cerró la puerta. Eric y yo nos quedamos a solas. Noté que me miraba fijamente.

ERIC: Yo…

Le miré a los ojos y supe que necesitaba un abrazo tanto como. Me acerqué lentamente a él y lo abracé muy fuerte.

_________________________________________________________________________________________________

Si el espejo del baño reflejaba mi apariencia real, no podría inspirar a los demás otra cosa que no fuera lástima. Mis ojos estaban rojos, ojerosos, tristes. Mi camisa blanca, manchada de sangre, no ayudaba a la imagen en su conjunto, de modo que me la desabroché y la tiré al suelo. La sangre reseca que impregnaba mi brazo lucía el mismo color que mi pelo, rojo pero apagado. Abrí el grifo y a malas penas corría el agua, pero fue lo suficiente como para poder limpiar mis heridas, aunque eran otras heridas las que dolían de verdad.

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Jue, 03 May 2012, 10:53
por Movris
Esta historia tiene muy buena pinta, vamos a ver que nos depara el viaje!!! :aplauso:

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Jue, 03 May 2012, 14:44
por Phuen8
Miles de gracias por leerlo!!!!!! :alegria: :roll:

3


SAM: Y eso que haces, ¿sirve de algo?

MEGANE: ¿A qué te refieres con que si sirve para algo? Papá, después de estar 5 años en la universidad, ¿aún no sabes qué he estudiado?

SAM: Sí sé lo que has estudiado, no me trates como si fuera tonto, Megane- dijo adelantando por el carril izquierdo a un deportivo.- Pero la psicología no es como la medicina, la mente es impredecible, ¿cómo vas a curar el dolor de una persona sólo con palabras? Un médico puede quitarte el dolor con un fármaco, pero un psicólogo no puede curarte.

MEGANE: papá…- puse los ojos en blanco, al ver que mi padre seguía sin comprender mis razonamientos sobre ese tema, aun habiendo discutido sobre él millones de veces.

SAM: ¿Ves como no puedes razonarlo? Eso es porque sabes que llevo razón- dijo volviendo al carril derecho.

No es que sintiera mucha pasión por Augusta, pero el caso es que había pasado media vida allí y me había acostumbrado a ella. Su clima, su olor, sus parques, lagos… incluso su tráfico, no muy denso comparado con San Francisco, pero a veces era desquiciante.

MEGANE: hoy vamos a tener suerte, no hay mucho tráfico.

SAM: Voy a parar un momento aquí.- dijo aparcando frente a una floristería.

MEGANE: ¿Habéis vuelto a discutir?- le miré a los ojos en busca de una respuesta.

SAM: ya sabes cómo es tu madre… anoche vino Brittany a casa con las niñas y el imbécil de su marido...

MEGANE: Papá-le corté.- Espero que cuando me case tengas un poco más de respeto, sabes que ella no lo está pasando bien.

SAM: Tú no eres tan tonta como tu hermana.- dijo tocándome el brazo.- Tu hermana sabía con quien se casaba y aún así lo hizo.

MEGANE: Sólo está buscando el momento para separarse, eso es todo… pero, ¿qué pasó anoche?

SAM: Le dije a Brittany que si ella no daba el paso lo daría yo… y eché a Jim de casa.

Giré mi cabeza hacia él intentando contener mi ira.

MEGANE: ¿Qué hiciste qué? ¡¡ ¿Estás loco?!!

SAM: Llámame como quieras, pero tu hermana lo defendió y se fue a casa con él y las niñas. Tu madre se enfadó conmigo…

Quise gritarle y volver a casa andando, pero lo peor de todo es que tenía toda la razón. Mi hermana y Jim siempre están discutiendo y por la mirada perdida de ella y sus silencios cuando le pregunto por su relación deduzco que algo no anda bien, y no me gustaría pensar que la ha llegado a poner una mano encima.

MEGANE: Entiendo tu enfado… sé porqué lo hiciste, pero deja que sea ella quien dé el paso.

Mi padre me miró a los ojos, me acarició el pelo y con voz tierna me dijo:

SAM: No quiero que nadie os haga daño, ¿tan difícil es entender eso?- me besó en la frente.

MEGANE: Te quiero. – le abracé con todas mis fuerzas.- Esta misma noche hablaré con ella, puede vivir en mi casa con las niñas todo el tiempo que quiera.

Se desabrochó el cinturón de seguridad, me dirigió una sonrisa y se bajó del coche. Estaba comenzando a anochecer y hacía mucho calor en la calle. Observé cada uno de sus movimientos, era la persona que mejor conocía en este mundo y supe incluso qué flores compraría: orquídeas lilas. No tardó mucho en comprarlas, de modo que dos minutos más tarde ya estaba saliendo de la tienda. Volví a ponerme el cinturón mientras él cruzaba la calle, cuando oí un gran estruendo. Y entonces lo ví. Ví a mi padre tirado en medio de la calle, y también vi como un coche que estaba parado justo delante de él arrancaba con una rapidez que me quitó el aliento y me heló la sangre.



Me quité el cinturón lentamente, abrí la puerta sin despegar la mirada de la calzada y salí del coche. Lo observé desde la acera apretando fuerte los puños, como si pudiera transmitirle esa fuerza. Varios transeúntes se acercaron corriendo a mi padre, que yacía de forma catatónica en el suelo. Un charco de sangre iba expandiéndose bajo su rostro, pegado al asfalto. Una mujer vino corriendo hacia mí y me gritó de un modo histérico que si pensaba quedarme de brazos cruzados mientras “ese hombre” se moría. La oía de fondo, pero no la escuchaba.

Fue entonces cuando alguien me tocó el hombro suavemente y casi con un susurro me dijo:

SHANE: ¿Está bien? ¿Necesita ayuda?

Giré mi cabeza a la derecha y crucé mi mirada con la suya. Era un policía. Señalé a mi padre rápidamente, pero parecía como ida.

SHANE: ¿Lo conoce? ¿Ha visto cómo ha ocurrido?

MEGANE: Es mi… es… es mi padre.- abrí la boca, sorprendida por mi propia autorevelación.

El policía cogió mi cara entre sus manos y examinó cada cm de ella. Cerró los ojos consternado y me miró de nuevo a los ojos.

SHANE: No te preocupes, todo va a salir bien.- me soltó y buscó a sus espaldas- ¡¡Rick!! ¡¡ Llama a una ambulancia!!- me miró de nuevo.- Dame sólo un segundo. Vuelvo enseguida.

Y con esas palabras se dirigió a su compañero, cruzó con él unas palabras, se sacó una diminuta libreta del bolsillo izquierdo de la camisa, anotó algo que le dictó su compañero y volvió hacia mí.

SHANE: tengo la matrícula. Créeme, tu padre se va a poner bien y el cabrón que ha hecho esto no va a volver a dormir en su vida.

Comencé a llorar. Había tanta gente alrededor de mi padre que ya no podía verlo. Di dos pasos hacia delante en dirección a él.

SHANE: será mejor que no hagas eso, tu padre ha sufrido un golpe muy fuerte, podrás verlo cuando lo llevemos al hospital.

MEGANE: está muerto.

SHANE: No… no lo sabemos aún, haremos todo lo que podamos.

Hice caso omiso y me acerqué hasta la multitud. Empujé a dos o tres personas, que me dedicaron una mirada de desprecio.

Y allí estaba mi padre. Inerte. Sin vida. Sin pulso. Toda una vida reducida a la nada más absoluta en menos de 5 segundos. Una vida dedicada a salvar a los demás, a devolverles la vida. 30 años dedicados a la medicina, 50 años dedicados a hacer felices a los demás, y ahora nada.

De repente la ambulancia. Oí sirenas, gritos, personas corriendo de un lado a otro, comentarios inapropiados, todo ello mientras focalizaba toda mi atención en el pecho de mi padre, deseando que volviera a dar señales de vida. Un enfermero se acercó corriendo, apoyó su oído en el pecho de mi padre y dijo sin miramientos “este hombre está muerto”.


SHANE: ¿Estás bien?- dijo casi en un susurro mientras me acariciaba el pelo.

Parpadeo tras parpadeo intenté mantener los ojos abiertos. Estaba en una ambulancia, sobre una camilla y junto al policía con el que había hablado antes.

MEGANE: ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde está mi padre? –dije levantándome para poder sentarme.

SHANE: Tu padre está en la otra ambulancia…- miró nervioso al conductor de la ambulancia y se mordió los labios- ¿Te duele la cabeza? Te diste un buen golpe.- dijo queriendo cambiar de tema.

MEGANE: Sé que está muerto, no tendrás que pasar por el mal trago de decírmelo. Tengo que avisar a mi madre, mi hermana, mis abuelos, mis…

SHANE: No te preocupes, cogimos tu móvil y avisamos a tu madre para que fuera al hospital. Yo mismo se lo diré, estoy acostumbrado a hacerlo, sé que para ti puede ser…

MEGANE: ¿Por qué?

SHANE: porque es una situación difícil y ahora mismo no estás en condiciones de hacerlo, y yo…

MEGANE: ¿Por qué mi padre? ¿Por qué tuvo que pasar ese coche justo entonces? ¿Por qué?

SHANE: Estas cosas no entienden de porqués, simplemente pasan. Nadie dijo que la vida fuera justa.- me cogió las manos.

Normalmente las habría apartado inmediatamente, pero estaba asustada, me sentía sola, había perdido a la persona más importante de mi vida y no sabía cómo iba a poder continuar mi vida sin ella. Mi padre era mi mejor amigo, mi confidente. Lo era todo para mí.

SHANE: Perdí a mi padre cuando tenía 5 años. Era policía, como yo, y simplemente estuvo en el sitio equivocado en el momento equivocado. Una madrugada llamaron a casa y me desperté asustado. Mi madre nos despertó a mi hermano y a mí corriendo, y entre lágrimas nos llevó a casa de mis tíos. Lo único que recuerdo de él es que era un hombre valiente y que nos quería de verdad. Simplemente pasó. Hay cosas que no pueden evitarse. ¿Cómo te llamas?

MEGANE: Megane.- bajé la mirada.

SHANE: Megane… - me cogió de la barbilla y me levantó la cabeza.- ¿Crees en el destino?

MEGANE: Hasta esta noche no.
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Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Jue, 03 May 2012, 14:46
por Phuen8
Por si no se sobreentiende, cuando el texto esté en cursiva es un flashback, como la tercera parte ;)

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Jue, 03 May 2012, 18:55
por Phuen8
Estoy a punto de terminar la décima parte, así que os voy poniendo la cuarta :bailando:




4


JACQUI: ¿Megane?- me zarandeó suavemente.- ¿Estás bien?

Abrí los ojos y la vi sentada junto a mí en la cama. Llevaba ropa limpia y tenía sobre sus piernas todavía más prendas de ropa de mujer.

MEGANE: Sí…-dije bostezando y desperezándome.- ¿Qué hora es? ¿Son ya las ocho?

JACQUI: No, pero casi. Son las 7 y media y tenemos que recoger todas las cosas. Te he traído ropa limpia por si quieres cambiarte, aunque ya he visto que has cogido algo prestado –dijo señalando la camisa de hombre que llevaba puesta mientras sonreía.- Te dejo esto aquí. Voy mientras a recoger toda la comida que encuentre y ropa para mi mochila. Aquí tienes una mochila para tus cosas- la cogió del suelo y la puso sobre la cama- para que metas la ropa que quieras de ese armario, pero sobre todo para que metas todo lo que nos pueda ser útil ahí afuera. Hemos oído disparos esta madrugada y parece que los sonidos fuertes los ponen nerviosos. Vamos a tener que llevar aún más cuidado del que pensábamos. Te esperamos fuera en 15 minutos. Por favor, no tardes, queremos llegar a Atlanta cuanto antes.

Dicho esto salió de mi habitación y cerró la puerta.

Me puse los vaqueros desgastados que me había dado, una camiseta blanca de tirantes y una sudadera de la “Augusta State University”. Decidí seguir llevando las deportivas que cogí prestadas de aquella zombie, ya que tanto me había costado conseguirlas.

Rebusqué en el armario de mi habitación para encontrar más ropa, por si acaso este caos se prolongaba más de lo normal. ¿Cómo cojones iba a saber cuánto iba a durar todo esto?

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MEGANE: He encontrado algo que nos va a servir de mucha ayuda- saqué la pistola que había encontrado en la mesilla de mi habitación.- Y tengo 20 balas. ¿Qué habéis encontrado vosotros?

ERIC: Yo he cogido dos hachas que había en el desván, varios pares de guantes y poco más. ¿Y tú? – dijo señalando a Jacqui, que estaba intentando presionar todo lo que había en su mochila para que cupiese.

JACQUI: yo traigo buenas noticias. Buscando por todos los armarios de la cocina y la despensa he encontrado más comida de la que creíamos tener, calculo que para 2 o 3 semanas más, aunque ni se te ocurra pensar que vamos a quedarnos aquí hasta que se acabe, Eric.- dijo levantando el dedo índice.

ERIC: No he dicho nada.

JACQUI: Por si acaso. He reunido todo lo que he podido en cuanto a vendas, medicación y todo ese tipo de material. Megane, tendré que cambiarte el vendaje esta misma noche y así lo seguiremos haciendo hasta que se cierre la herida. Siendo sólo tres no podemos permitirnos el lujo de que uno de nosotros muera por una infección.

MEGANE: ¿Vamos?

Mientras Eric intentaba desbloquear la puerta, Jacqui se puso a rezar. Yo simplemente me limité a calcular cuántos de ellos habría fuera, cómo llegaríamos al coche y cómo sería el campamento de Atlanta.

Los tres cogimos nuestras respectivas mochilas. Yo llevaba mi pistola bien cargada en la mano derecha. Jamás había disparado, así que esperaba no tener que usarla, al menos no hasta que supiera. Jacqui llevaba un cuchillo de cocina grande y Eric una de las hachas.

ERIC: El coche está al salir a la derecha, justo frente al bosque. Yo lo abriré desde aquí y lo conduciré. Megane, tú irás de copiloto. Jacqui, tú irás detrás con todas las cosas. Vamos- se puso su gorra y abrió la puerta con cuidado.

Los tres nos asomamos a la vez, intentando examinar la zona para salir sin peligro, pero no era el caso. A nuestra izquierda habría unos 5 zombies aproximadamente y a nuestra derecha otros 3, aunque ninguno de ellos se había percatado aún de nuestra presencia.

Salimos sigilosamente uno detrás del otro, con Eric al frente.



ERIC: Cuando me veáis correr hacia el coche salid detrás de mí sin pensarlo. Son lentos, pero estarán hambrientos y puede que hayan oído ruidos dentro de la casa esta noche.- susurró con la voz entrecortada.

Jacqui y yo nos miramos con temor. Llegar al coche, que apenas estaba a unos 4 o 5 metros, nos parecía una odisea desde la puerta de la casa.

Fue entonces cuando Eric salió corriendo y a partir de entonces todo se volvió muy confuso debido a la rapidez de los hechos.

Eric llegó al coche y yo lo seguía muy de cerca, pero un par de metros antes de llegar al coche noté como Jacquí me soltaba la mano. Miré atrás y la oí gritar.

JACQUI: ¡¡Corred!! ¡¡Id sin mí!!- gritó desgarrada mientras dos zombies la sujetaban por la mochila afanándose por llegar a su cuerpo.

Yo intenté reaccionar, pero vi como más de media docena de zombies se acercaban corriendo hacia nosotros y me quedé paralizada. ¿Por qué coño no podía reaccionar en los momentos más decisivos de mi vida? ¿Iba a dejar que muriese otra persona delante de mí sin apenas hacer nada? Saqué mi pistola del bolsillo e intenté apuntar al zombie que Jacqui tenía a su derecha. Dí tres disparos, a pesar de que las manos me temblaban. No recuerdo el orden pero sí dónde impactaron: en su pierna, su pecho y su cabeza. Cayó desplomado al suelo en ese mismo instante, pero otro se lanzó contra Jacqui. Eric salió corriendo de la nada con su hacha y le cortó la cabeza a uno de ellos justo cuando iba a morder a Jacqui en el brazo. Eric la cogió de la mano para llevarla hasta el coche, pero el zombie que quedaba la sujetaba con mucha fuerza por la mochila.

JACQUI: ¡¡Abre el coche, Eric!!

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Jue, 03 May 2012, 19:30
por AndreaHunter
Gennial! :aplauso: :aplauso:

Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Jue, 03 May 2012, 20:01
por Phuen8
5



Los últimos días me había costado conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos veía a mi padre tirado sobre la calzada. Había soñado cada noche con él, pero extrañamente no eran pesadillas, sino escenas cotidianas. Lo malo llegaba al despertar, cuando me daba de bruces con la realidad, cuando sentía sobre mí el peso de su muerte.

Ya eran las 4:05 a.m. y sólo había conseguido dormir un par de horas. Me levanté tambaleándome a cerrar la ventana, puesto que la lluvia se estaba haciendo cada vez más intensa. En Augusta no era extraño que nos sorprendieran estas tormentas de verano de vez en cuando. Volví a la cama y me acosté boca arriba, intentando no pensar en mi padre. Mi trabajo. Pensaba en aquellos pacientes que venían a consulta porque se sentían vacíos al haber perdido a algún ser querido. ¿Cómo iba a enseñar a sobrellevar a los demás tal dolor si ni yo misma sabía cómo hacerlo?

Intenté pensar de nuevo en otra cosa, pero de repente irrumpió en mi pensamiento una pregunta que llevaba varios días haciéndome. ¿Podrá dormir tranquilo el “asesino” de mi padre? ¿Dónde estará? Aquél policía me dijo que le habían tomado la matrícula. ¿Lo habrían encontrado ya? Yo les había dado mis datos, si supieran algo me lo habrían comunicado ya, ¿no?
Bajé con cuidado mi antifaz y me puse de lado. Quise dejar la mente en blanco pero sonó el timbre de casa. Me quedé como estaba, ya que no veía normal que alguien que me conociera realmente llamara a las 4 y media de la mañana a mi casa, pensé que seguramente sería alguien que se había equivocado. Pero fuera quien fuese volvió a llamar, por lo que no podía tratarse de una simple broma. Me senté en la cama de un salto y tiré el antifaz a la mesilla. Encendí la lámpara, me puse las zapatillas y el batín y me dirigí a la puerta. Observé por la mirilla antes de abrir y me encontré con, posiblemente, la última persona en el mundo que podía imaginar.

SHANE: Siento llamar tan tarde.- dijo casi sin aliento.

Shane era un hombre corpulento, de unos 30 años, alto y con el cabello tan negro como sus ojos. Esta vez iba vestido de paisano, pero eso no era lo que más me llamaba la atención de él. Además de estar empapado de agua de arriba abajo, su nariz y su boca sangraban, con un rojo demasiado brillante. No sabía qué le podría haber pasado, pero estaba claro que había sido hace muy poco.

MEGANE: ¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí?- dije asombrada ante tal estampa.

SHANE: ¿Puedo pasar?- dijo al observar mi reacción.- Por favor…

MEGANE: Claro que sí… pasa…-dije abriendo la puerta por completo y señalándole el interior de mi casa.- Ven por aquí.

Fui corriendo al baño para coger una toalla grande y el botiquín que me había regalado mi padre al mudarme, hacía apenas 2 meses.

Mi casa aún no parecía una casa de verdad, llena de cajas de cartón y muebles embalados, pero poco a poco intentaba que lo pareciera. Mi cuarto estaba casi al completo, aunque el colchón aún reposaba sobre el suelo.

Entré en el salón, donde me esperaba Shane. De no ser por el sofá y la televisión nadie pensaría que aquello era un salón de verdad.

MEGANE: Siento tener la casa patas arriba. Me instalé hace poco y no he tenido tiempo.

Shane me miró tan fijamente que me daba la impresión de que estaba analizando cada uno de mis movimientos. Le coloqué la toalla alrededor del cuerpo y le señalé el pequeño aunque reconfortante sofá.

MEGANE: ¿Qué te ha pasado? –abrí el botiquín sobre mis piernas y él se sentó a mi lado.

SHANE: Le he pegado.- se agachó, apoyó los codos sobre sus piernas y se echó las manos a la cabeza.

MEGANE: ¿a quién te refieres?- agaché también la cabeza e intenté asomarme para ver su rostro, sin resultado.

SHANE: Antes de terminar mi turno busqué su dirección, a través de su matrícula, y fui a su casa.- supe de quién hablaba cuando levantó su rostro y me miró a la cara.- Le he reventado la nariz. Le he dado con todas mis fuerzas.

¿De verdad se estaba refiriendo a quién yo creía que se estaba refiriendo?

MEGANE: ¿Has matado al asesino de mi padre? ¿Le has matado?- dije levantándome con energía del sofá.

SHANE: No, no le he matado… salta a la vista que estaba vivo cuando lo dejé…-señaló el hilo de sangre que bajaba de su nariz hasta sus labios.

Me arrodillé con cuidado frente a él, cogí un algodón y comencé a limpiar los restos de sangre mientras él me miraba.

SHANE: ¿Eres enfermera? Sé que tu padre era médico.

MEGANE: No. ¿Qué te hace pensar que lo soy? ¿Nunca has parado una hemorragia nasal?- dije levantando la ceja derecha.

SHANE: Hay una bata colgada en el perchero de la entrada.- me giré a mirarla.

MEGANE: Soy psicóloga.

Shane comenzó a sonreir y puso una extraña mueca.

MEGANE: ¿qué pasa?

SHANE: ¿cuántos años tienes? ¿20?

MEGANE: tengo 24, pero está claro que tú tampoco tienes 20.

Me besó. Podría describir a qué sabían sus labios, incluso qué pude sentir, pero 2 segundos no daban para mucho. Me aparté inmediatamente y le miré extrañada. ¿Podía llegar a ser más surrealista la situación? Con el segundo beso cogió mi cara con ambas manos e hizo que un escalofrío me sacudiera el cuerpo como si de un látigo se tratase. Decidí dejarme llevar. No pensé. No deseé controlar la situación como siempre, lo único que deseaba era que aquél beso no terminase nunca. Durante esos 5 minutos no pensé en mi padre, no pensé en la tragedia que estaba rodeando mi vida. Sólo éramos dos desesperanzados intentando acariciar la felicidad a través del otro.



Re: Un nuevo mundo

NotaPublicado: Vie, 04 May 2012, 11:26
por Movris
El relato en primera persona y la buena construccion de los personajes me esta atrapando, a este ritmo va a ser una novela con mayusculas!!! :aplauso:
Haz que Megane mire hacia los arboles de la puerta de su casa, no vaya a ser que Shane tropezo voluntariamente contra uno de ellos :bailando: , hasta la proxima entrega :)