The Walking Dead 4×10 – Inmates

Los caminantes de The Walking Dead han vuelto, y lo han hecho más cariñosos que nunca tras incluir de nuevo carne fresca en el menú. Con un primer episodio de vuelta de temporada muy dispar en cuanto a opiniones, que en mi caso incentivó la creación y uso del hastag #UnSopapoParaCarl, parece que nuestros supervivientes siguen a la deriva. Revelados el destino a corto plazo de Michonne, Granjero-frustrado-Rick y el niño más repelente del apocalipsis, es el turno de averiguar qué ha ocurrido con el resto del grupo.

Casualidades de la vida, a cada adulto le ha tocado un niño bajo el brazo, y nuestro querido Daryl va por los bosques en compañía de la voz cantarina de Beth. En un estado de semiconsciencia entre la seguridad y asimilar lo que ha ocurrido, el fuerte varapalo de perder la prisión hace mella en ambos. Con una narración a lo “querido diario…” el capítulo de esta semana comienza con un duro y cruel asesinato a las esperanzas y los sueños. Casi se puede oír el crujido de la vida que habían construido, cuando el frio acero del tanque pasa por encima de sus restos.

Con la idea de aferrase a algo, y la fe más muerta que algunas cabezas sueltas, el equipo ballesta rastreará los pasos de los pequeños de la manada. Las pispas les llevarán a un desafortunado banquete, pero antes de coger los clínex (y a un ritmo que echaba de menos), la historia enlazará con lo que ha ocurrido ahí.

Lizzy y Mica acompañan a la guardería ambulante de Tyresse, en cuyos brazos reposa (insertar música dramática) ¡¡la pequeña pateadora de culos!! Sí amigos, la esperanza no ha muerto, reside en ese dulce bocadito llorón. Con una chuchería atrae-muertos, una niña cuya respuesta ante sustos es salir corriendo por un bosque plagado de caminantes, y una psicópata en potencia que va de sobrada (#UnSopapoParaLizzy), Tyresse lejos de liarse a hostias (merecidas) imparte lógica.

Tras escabullirse para ofrecer su martillo, y descubrir la escena de la merendola junto a las vía del tren (símbolo recurrente en la mayoría de las historias, y que además conducirá a su futuro más cercano), las niñas sobreviven milagrosamente a un ataque de cadáveres (a Lizzy se le mezcla el modo supervivencia con el de niñera desquiciada, ¿no os recuerda a los inicios de Carl?) gracias al reencuentro con una vieja amiga.

¡¡Dichosos los ojos!! Carol al rescate, es un alivio ver una cara conocida (y experimentada) en medio de aquel caos de caminos inciertos. La ironía ha querido que se junten el motivo de su partida y la causante de los problemas, pero ahora las circunstancias han cambiado y deben tomar aquello que tengan a mano. Una versión apocalípsis del mapa turístico de los de “Usted está aquí” les anuncia una zona segura, y emprenden el camino.

Mientras tanto, no lejos de allí, Shasha y Maggie han cambiado a los niños por un alcohólico hiperpositivo. Pero el amor que ha ido cuajando temporada tras temporada es más fuerte, y emprenden la búsqueda de Glenn. Usando sus conocimientos de rastreadores y la lógica (ya era hora), encuentran el bus donde le vieron por última vez.

En un amasijo de sangre, gritos guturales y asientos de polipiel, toca poner fin a la vida de aquellos que una vez fueron parte de la manada. En un cambio obligado de mentalidad, donde ya solo importa seguir vivo un día más, y movido por el impulso de encontrar tu constante en esa vorágine de muerte inhumana, la insensibilidad con la que el cuchillo atraviesa los cráneos es proporcional a la intensidad con la que deseas volver a tocar esa paz e ilusión que se han desvanecido.

La lucha interior de cada uno, entre rendirse a lo imposible y sumirse en el dolor, va ganando la batalla a sus ansias de empezar de cero. Todo el esfuerzo enterrado, todas las muertes a su espalda, todo ello para al final verse privados de lo único realmente importante: el calor humano, sentirse parte de algo.

Volvemos a la prisión, a esos muros que significaron algo, un hogar. Ahora están infectados de caminantes, sedientos por arrancarle el brazo a Glenn. Pero su espíritu superviviente le grita desde dentro que use la cabeza, y por eso se enfunda el traje antidisturbios y se aferra a lo único que puede motivarle a enfrentarse al ejército de zombies: Maggie. Un momento de superación personal, de crecimiento ante el peligro, y de unos huevos como melones.

En medio del subidón a lo espartano, rescata a una pobre chica en shock que resulta ser Tara, la excuñada del difunto Gobernador. Tras un sermón y unas clases rápidas de escolta, Glenn dirá una frase que refleja muy bien filosofía del superviviente: “no te quiero aquí, pero te necesito”. En tiempos desesperados, la única forma de no sumirte en el salvajismo sin perder el norte será tener una meta, y para cumplir la suya necesitará ayuda.

Por fin toda la filosofía y moralidad que han intentado meternos con calzador cobra sentido, no con granjas-escuela, puddins o la rebelión de la edad del pavo. Finalmente hemos visto el yin y el yan del apocalipsis, la parte física gritando por abrirse camino entre devoradores impíos de carne humana, y la razón humana anhelando salir de ese laberinto solitario para encontrar de nuevo un motivo, un objetivo que le ayude a hacer lo que sea necesario.

Cerramos el capítulo de esta semana con la aparición del trío militar con pose de chungos. ¿Quiénes serán estos forasteros? ¿Amigos o enemigos? ¿Les ayudarán a juntarse con sus constantes? ¿Lo de los niños psicópatas es otra epidemia paralela en la serie? ¡Una semana para averiguarlo!

Escrito por @Requiemxelcine

@Requiemxelcine

Serieadicta preparada para el apocalipsis.
Entre caminantes se deja caer por su blog personal Requiem por el Cine y la revista digital Frikimalismo. Si la quieres en tu grupo de supervivientes puedes encontrarla en Facebook y Twitter.

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