The Walking Dead 4×06 – Live Bait

Con el capítulo de esta semana volvemos a historias del inicio, a ritmos de la peor época de la serie y los sin sentidos que nos tiene acostumbrados esta temporada en curso. Tras la tensión vivida dentro de los muros de la prisión, nos vamos a tomar el aire por los alrededores con los nervios a flor de piel por la visita de El Gobernador.

Cuando parecía (por fin!) que volvía la acción a The Walking Dead con el regreso del tuerto más malo del apocalipsis, volvemos al pasado en forma de flashback y tras ver la locura total del jefe hecha cenizas en Woodbury, nos meten a un greñudo que vaga por el mundo sin saber muy bien hacia dónde.

Sin rumbo ni propósito, y menos cuerdo que antes si cabe, este salvaje que se entretenía con peleas de zombies gladiadores y sin escrúpulos sociales, esquiva a los caminantes como si de piedras en el camino se tratasen. Dominado por la indiferencia y la demencia, se deja llevar alimentado por las historias de carretera de la que hablan los muros pintados. Sin saber muy bien que pasa por esa incierta y salvaje mente, deshumanizada a la fuerza, el azar (y una posible alucinación después desmentida) está a punto de reconducir su camino hacia los rescoldos de la civilización.

A punta de pistola conoce a los vecinos: una familia de hermanas y abuelo, que incluye una niña traumatizada a la que la mudez le dura 10 minutos. Sorprendentemente vivos, ineptos totales en el modo supervivencia y ajenos a los asuntos zombies, acogen a su nuevo invitado, Brian Heriot, mientras retoman sus tareas cotidianas.

Una situación de lo más surrealista que me recuerda a los inicios inciertos donde nadie sabía cómo matar a los caminantes ni usar un cuchillo sin jamón. Esto, pasada una temporada de vísceras y ojos idos, es un despropósito. Mi enfado por las incoherencias irracionales que empiezan a abundar la serie queda mitigado por el factor humano (hasta ahora totalmente desconocido) del Gobernador.

Esa faceta dura y fría, asocial y casi imposible de sentir afecto, se va debilitando poco a poco hasta que cede. En un alarde de empatía decide ayudar a un anciano a conectar con su nieta, y va en busca de un tablero nuevo para la hora de los juegos reunidos, versión apocalipsis 2.0. Para ser una familia incapaz de matar a un zombie putrefacto sin piernas e inmovilizado, me sorprende que su única demanda sea un tablero. Con este gesto, y un corte de pelo decente, nuestro Gobernador vuelve a parecer más una persona que un yonkie de calle.

Pero claro, ya que nos hemos aprovechado de un total desconocido vamos a pedirle que se meta dentro de un asilo de zombies y saque algunas bombonas de oxígeno, que a nosotros nos da miedito. Sin entrar en valoraciones personales sobre la estupidez de algunos giros de trama (cuyo único fin es forzar una situación), nos encontramos con un Gobernador que no puede ser amigable pero que esquiva a los no-muertos, incapaz moralmente y por decisión propia de enfrentarse a ellos. Tras dos segundos de tensión por estupidez (esta serie debería empezar a plantearse acuñar ese término como propio), con las bombonas en la mano volvemos al refugio del hogar.

Tras recibir la atención médica y la delicada atención de una de las hermanas (miraditas incluidas), toca acercarse a la pequeña. La niña en cuestión le toca ese negro y amargado corazón y le pregunta por el tema parche que cubre su desfigurado rostro. Entre risas más falsas que los giros de trama, vemos aparecer la conciencia muerta del hombre que nos estuvo dando autentico miedo la temporada anterior. Una versión dulcificada de por qué perdió el ojo establece un lazo de conexión con la pequeña rubia (por si acaso hiciera falta alguno más). Momento ñoño (otro) para dejarnos claro la obviedad: el malo se encariña de la peque.

Pero esos intentos de ser una gran familia y vivir en la inopia hasta el fin de los tiempos llega a su final. Tras una metafórica explicación del tablero de ajedrez, con el moribundo abuelito de fondo, la última expiración de éste nos devuelve al mundo de la supervivencia (sí, seguimos en una serie de zombies), y la naturaleza despiadada del Gobernador vuelve a salir a flote cuando le abre la cabeza al dulce yayo con su propia bombona.

Los allí presentes, tras recapacitar lo sucedido (y apuntar en su nuevo diario de lecciones sobre los zombies: el retorno) perdonan al justiciero y entienden que solo trataba de protegerlas. La relación fría y distante, a la par que absurda, que han tenido, culmina con la autoinvitación de las dos mujeres y media para unirse en el viaje de carretera por el salvaje y hambriento mundo exterior. De la mano de alguien que acaba de abrirle la cabeza al abuelo, y teniendo en cuenta que han sobrevivido perfectamente sin problemas en sus mundos de Yupi, este arranque aventurero no hay por dónde cogerlo.

No obstante se vuelven a poner de moda las caravanas, y entre acampadas y lagos al atardecer, el apetito sexual se abre y la relación social se vuelve más íntima y húmeda. Caricias con la madre y una sobreprotección hacia la niña, quien lo repudia desde que la traumatizara abriéndole la cabeza a su yayo, van a dificultar el viaje.

Pero no todo son arcoíris en el paraíso zombie. El coche se rompe y toca ir a pie. Justo en el momento en el que alguien tropieza (vaya hombre, que casualidad), y por si alguien se ha quedado dormido, aparece una pequeña manada de zombies. Echan a correr poniendo a prueba la confianza de la niña (y mi paciencia personal), para ofrecernos el según momento sádico del capítulo: caen en una fosa el parcheado y la peque, y se abre paso entre cráneos reventados a base de fiereza asesina y suspropias manos.

De esta forma termina el flashback que nos ha dejado ver cómo se las ha desenvuelto el Gobernador para pasar su periodo de cuarentena demencial y volver a conectar con su lado humano. Con el único y firme propósito de defender a la niña rubia al precio que sea, el nuevo equipo guardería-villano chungo promete superar un nivel muy bajo y soporífero.

¿Cuándo se dejará caer el Gobernador por la prisión? ¿Esa aventura social le habrá ablandado o seguirá siendo el mismo ojo loco que nos ponía los pelos de punta en la temporada anterior? ¿Cómo reaccionará Michonne ante su reaparición? ¿La gilipollez irracional es un virus más letal que el de los zombies? Todo esto y mucho más, la semana que viene.

Escrito por @Requiemxelcine

@Requiemxelcine

Serieadicta preparada para el apocalipsis.
Entre caminantes se deja caer por su blog personal Requiem por el Cine y la revista digital Frikimalismo. Si la quieres en tu grupo de supervivientes puedes encontrarla en Facebook y Twitter.

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